Castelgandolfo
Su sucesor, Clemente XIV Ganganelli (1769-1774), ocupó el solio pontificio durante poco más de cinco años y más de cinco veces, el otoño de cada año, pasaba sus vacaciones en Castello. De naturaleza vivaz y exhuberante, humor jovial y chistoso, tenía necesidad de movimiento y asueto. En Castelgandolfo “no se limitaba a los cortos paseos a pie por las famosas galerías o por la villa, sino que a menudo salía fuera del palacio a caballo... con vestido blanco de viaje, botas y tricornio blancos” (ibid., p. 149). Y, una vez fuera del lugar, le gustaba galopar a tal velocidad que ninguno del séquito ni de la escolta podían seguirle. En 1771, tras haber sufrido dos caídas del caballo y la ruptura de un hombro, los familiares lograron convencerle para que renunciara definitivamente a su pasatiempo preferido. En 1773 amplió la residencia pontificia con la compra de la anexa Villa Cybo.
Pio VI Braschi, elegido en 1775, no se alojó nunca en la residencia estival en todo el largo pontificado que duró un cuarto de siglo. Durante su reinado, el 27 febrero de 1798, tuvo lugar en Castello el sangriento combate de los habitantes de los Castillos Romanos (en particular Castelgandolfo, Albano y Velletri) que permanecieron fieles al Papa contra las tropas de Joaquín Murat. Los insurrectos, después de haber combatido hasta el extremo, se refugieron en el Palacio pontificio que fue abatido a cañonazos y saqueado por los franceses.
El 14 de marzo del 1800 fue elegido en Venecia Pio VII Chiaramonti (1800-1823), quien en 1803 reabrió el Palacio de Castelgandolfo, después de haber realizado las obras de restauración y acondicionamiento necesarios. Regresó en 1804 y 1805 hasta que la desventura napoleónica, primero con la invasión de los Estados Pontificios, y después con la prisión del Papa, hizo nuevamente imposible la estancia. Después de su liberación, el 17 de marzo de 1814, abdicado Napoleón, en el mes de octubre de dicho año el Papa Chiaramonti pudo finalmente reemprender sus vacaciones otoñales en Castelgandolfo, las cuales constituyeron, quizás, el único momento de paz en los tormentosos avatares de su pontificado.
El Papa León XII della Genga (1823-1829) estuvo en Castelgandolfo un solo día, el 21 de octubre de 1824, huésped de los Capuchinos de Albano, pero aunque visitó la Iglesia de la plaza, no puso los pies en la residencia pontificia por no resultarle simpática.
Ni siquiera su sucesor, Pio VIII Castiglioni (1829-1830), en su breve pontificado de 20 meses, fue a Castello.
En 1831 fue elegido Papa Gregorio XVI Cappellari (1831-1846). Sus vacaciones en Castello, casi siempre en octubre, fueron asiduas y estuvieron marcadas por su estilo simple de monje camaldulense. Desde Castello, en 1845, el Papa Cappellari fue un dia a Tivoli, al Colegio de los Jesuitas, donde pudo contemplar curioso las primeras “daguerrotipias” y posar delante del fotógrafo. Asistió con gran interés además a algunas pruebas de iluminación eléctrica, y observar un modelo de barco a vapor.