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Castelgandolfo

 Pio IX Mastai Ferretti (1846-1878) residió en Castello a temporadas breves e intermitentes en las estaciones más diversas, alternadas con el Puerto de Anzio. En efecto, no tenía una particular atracción por la vida del campo y, amaba más la ciudad en la que solía moverse con más desenvoltura. Los viejos castellanos recuerdan la sencillez del Papa Mastai cuando salía a pie por el pueblo, entraba en las casas y con frecuencia, si encontraba la olla en el fuego, levantaba la tapa para ver si el alimento era suficiente, proveyendo, en caso contrario, con generosas sumas de dinero. En Castelgandolfo Pio IX concedía audiencia con una prodigalidad nunca usada por sus predecesores y, en los últimos años, debido a la creciente facilidad de los viajes, la ciudadela veía llegar también grupos numerosos de peregrinos extranjeros. La última estancia  castellana del Papa Mastai fue del 28 al 31 mayo 1869, inspirado exclusivamente por el deseo de venerar el milagroso Crucifijo de Nemi que aquel año se celebraba el segundo aniversario. Eran los últimos meses de vida del Estado pontificio que vería el final con la toma de la Puerta Pia, el 20 de septiembre de 1870.

Aunque los Papas no salieron nunca del Vaticano desde 1870 hasta el año de la Conciliación, no por ello se interrumpió el vínculo afectivo con la villa de Castelgandolfo. Después de 1870, Pio IX acogió en el Palacio dos comunidades de clausura, una de monjas basilianas procedentes de la Polonia rusa, y otra de Clarisas que habían abandonado su convento de Albano tras la incautación de bienes eclesiásticos. El Papa León XIII Pecci (1878-1903) – que había donado a la Iglesia parroquial dos artísticos candelabros como adorno del altar – denominaba familiarmente “el pequeño Castelgandolfo” al torreón de las murallas de León IV en el Vaticano, donde se alojaba alguna vez en el verano. Pio X Sarto (1903-1914) y Benedicto XV De la Chiesa (1914-1922) mandaron construir dos edificios que todavía llevan su nombre, destinados a casas populares para los castellanos menos pudientes. Pio X mandó preparar en el Palacio un apartamento para la estancia veraniega de su Secretario de Estado, el Cardenal Rafael Merry del Val, quien pasó algunos períodos de un mes, entre agosto y septiembre, de 1904 a 1907.

Pio XI Ratti (1922-1939) puede ser considerado el primer Papa de los tiempos modernos que haya residido en Castelgandolfo. Tras un breve tiempo de las necesarias obras de restauración, entre 1934 y 1938 transcurrió sus períodos de descanso en la antigua residencia, primero dos meses y prolongando hasta seis meses al año. En el apartamento papal, Pio XI mandó construir una nueva Capilla privada, donde hizo colocar una reproducción del cuadro de la Virgen de Czestochowa, regalo de los obispos polacos; las paredes laterales fueron cubiertas con frescos del pintor Rosen de Leopoli que representan dos acontecimientos de la historia antigua y reciente de Polonia: en una parte la resistencia de Czestochowa en 1655 contra los suecos de Gustavo Adolfo, y en la otra la victoria de Varsovia contra los bolcheviques el 15 de agosto de 1920, denominada “milagro del Vístula”. Pio XI había residido en Polonia desde 1918 hasta 1921, primero como Visitador y después como Nuncio Apostólico. Desde el Palacio de Castelgandolfo, al tramonto de su vida terrena, el Papa levantó su voz numerosas veces contra las nefastas doctrinas del nacionalismo racista, llegando incluso a ofrecer su vida para la salvaguardia de la paz, en el memoriable radiomensaje del 29 de septiembre de 1938.

Pio XII Pacelli (1939-1958), visitó Castelgandolfo en su primer año de pontificado y, en el mes de julio emanó “ex arce Gandulphi” su primera encíclica Summi Pontificatus. Desde aquí, el 24 de agosto de 1939, hizo por radio un último llamamiento a las naciones para evitar el conflicto: “El peligro es inminente pero todavía hay tiempo. Nada está perdido con la paz.Todo puede serlo con la guerra”. El Papa, comprometido en una incansable obra de paz, no regresó a Castelgandolfo durante el período de guerra, y la residencia se convirtió en punto de referencia y de asilo seguro para la población local. Tras la sucesos posteriores al 8 de septiembre de 1943, las poblaciones de Castelgandolfo y de los pueblos vecinos, llenas de pánico, se refugieron en las Villas Pontificias que gozaban del privilegio de la extraterritorialidad, hasta que volvió la calma. El 22 de enero de 1944, tras el desembarque de Anzio, habiéndose convertido toda la zona en un frente de guerra, los habitantes de Castelgandolfo y de los alrededores corrieron de nuevo a las puertas de las Villas: se calcula que hasta doce mil personas encontraron refugio en aquel triste período, y allí permanecieron hasta la liberación de Roma, el 4 de junio. El apartamento papal fue reservado a las madres que estaban a punto de dar a luz, de modo que en aquellos meses pudieron nacer unos cuarenta niños. Desgraciadamente, también fueron numerosas las víctimas de los bombardeos en el confín de las Villas: el 1 de febrero de aquel año fueron destruidos los Conventos de Clarisas y Basilianas, perdiendo la vida dieciocho monjas; el 10 de febrero sufrió la misma suerte el Colegio de Propaganda Fide, con más de quinientos muertos y numerosos heridos.


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