La Fábrica de San Pedro

La Fábrica de San Pedro

En 1523, el papa Clemente VII nombró una comisión permanente de sesenta especialistas que dependían directamente de la Santa Sede, con la tarea de ocuparse de la construcción y administración de la Basílica.
En 1589, el papa Sixto V puso la comisión bajo la jurisdicción del Cardenal Arcipreste de la Basílica, pero pocos años más tarde, durante el pontificado de Clemente VIII (1592-1605), la misma fue suplantada por un órgano colegial ad hoc, denominado “Congregazione della Reverenda Fabbrica di San Pietro”, que recibió todas las atribuciones que hasta entonces había tenido la comisión suprimida. Además del Prefecto, en la persona del Cardenal Arcipreste de la Basílica, la Congregazione estaba integrada por un cierto número de cardenales y prelados y podía nombrar, en las provincias del Estrado de la Iglesia, por un año, a sus delegados, como comisarios de la Reverenda Fabbrica. Estos ejercían una jurisdicción propia, competentes para juzgar en primer grado causas de cualquier valor y sus sentencias eran apelables ante la Congregazione. En 1863, durante el pontificado de Pío IX, se quitó a la Congregazione della Reverenda Fabbrica di San Pietro todos los poderes en materia contenciosa, para pasarlos a la Congregación del Concilio.

Con la reforma de Pío X en 1908, la Fábrica redujo sus funciones exclusivamente a la administración de la Fabbrica y en 1967, después de la reforma general de la Curia Romana por el papa Pablo VI, la Congregazione dejó de existir y pasó a formar parte de las Administraciones Palatinas. 
Con la Constitución Apostólica Pastor Bonus de 1988, el papa Juan Pablo II estableció que la Fábrica de San Pedro, según las propias leyes, "continuara ocupándose de todo lo que se refiere a la Basílica del Príncipe de los Apóstoles en lo relativo a la conservación y al decoro del edificio, a la disciplina interna de los custodios y de los peregrinos que visitan el templo”.