Plaza de San Pedro

Plaza de San Pedro

Realizada por Bernini en los años 1656-1667, durante el reinado del papa Alejandro VII (1655-1667), está compuesta por dos partes: un primer espacio trapezoidal, delimitado por los dos brazos rectilíneos cerrados y convergentes que flanquean el sagrato, y un segundo espacio de forma elíptica, limitado por dos hemiciclos de la cuádruple columnata, para expresar el dicho del  mismo Bernini, “siendo la Iglesia de San Pedro madre de todas las otras, su pórtico debía brindar una acogida maternal, de brazos abiertos, a los católicos, para confirmarlos en la fe, a los heréticos para reunirlos en la Iglesia y a los infieles para iluminarlos con la fe verdadera”. El proyecto originario de Bernini preveía un tercer brazo porticado como cierre de la plaza, pero la muerte de Alejandro VII interrumpió las obras y quedó sin realizar. Esta solución, que habría cerrado todo el complejo y separado la elipse del Borgo creando un efecto sorpresa en el peregrino que llegaba a la plaza, en parte fue logrado mediante el tejido urbano del entorno, la llamada “Spina di Borgo”, que cierraba la Plaza. En 1950, con la apertura de la vía de la Conciliación en el lugar de la Spina di Borgo, se construyó una calle nueva y amplia de acceso a la basílica vaticana, exaltando la vista majestuosa de la cúpula de San Pedro, y modificando profundamente el proyecto de Bernini.

Las medidas de la plaza son extraordinarias: tiene 320 metros de profundidad y un diámetro central de 240 metros, rodeada por 4 hileras formadas por 284 columnas y 88 pilastres.
La balaustrada sobre las columnas está coronada por 140 estatuas de santos, de 3,20 metros de altura cada una, realizada hacia 1670 por discípulos de Bernini.
A los lados del obelisco, trasladado al centro de la plaza por Domenico Fontana, en 1585, se pueden ver dos grandes fuentes de Bernini (1675) y de Maderno (1614). En la parte baja, a los pies de la escalinata, las estatuas de San Pedro y San Pablo dan la bienvenida a los fieles.

De gran interés es la Escalera Regia que comunica la plaza con los Palacios Vaticanos, y que el mismo Bernini considerara “… la cosa menos fea que he hecho”. Realizada entre los años 1662 y 1666, parece mucho más larga de sus 60 metros reales, gracias a la aplicación de algunos recursos de perspectiva, como por ejemplo, la disminución de la distancia entre las columnas del fondo.