Estancias de Rafael

Estancias de Rafael

Las “Estancias Vaticanas” constituían los apartamentos del papa Julio II (1503-1513), que no quiso habitar en los ambientes utilizados por su antecesor Alejandro VI, ya decorados en fresco por Pinturicchio, y se trasladó a la planta superior, al ala construida a mediados del Quattrocento por Nicolás V.

 Antes de Rafael, ya habían trabajado otros personajes mucho más famosos, como su maestro Perugino, pero el papa Julio II dio a Sanzio (1483-1520) plena libertad de acción para la realización de los frescos, y éste borró todo lo hecho hasta entonces. Las estancias fueron pintadas en el siguiente orden cronológico: Estancia de la Signatura 1508-1511, Estancia de Heliodoro 1511-1514, Estancia del Incendio del Borgo 1514-1517, Sala de Constantino 1517-1524.

Siguiendo un recorrido ya establecido se pueden visitar: laSala de Constantino, realizada en gran parte por los discípulos de Rafael, ya que el maestro falleció inesperadamente el 6 de abril de 1520. Entre los pintores más importantes recordamos a Giulio Romano y a Francesco Penni. Los episodios que en ella se narran son: el “Bautismo de Constantino” en la basílica de San Juan en Letrán; la “Aparición de la Cruz a Constantino”; la “Batalla de Puente Milvio”, en la que, según narra la tradición, Constantino tuvo la visión de la cruz anunciándole su victoria contra el pagano Magencio y la “Donación de Constantino” (ambientada en el interior de la Basílica de San Pedro), acto que habría dado origen al Estado Pontificio (en realidad, éste nació en el año 756 con la famosa donación de tierras de la Italia Central por parte de Pepino, rey de los Francos, a la Santa Sede). El techo, decorado en 1585 por el pintor Tommaso Laureti, representa el “Triunfo del Cristianismo” contra el paganismo, simbolizado por la estatua caída y rota que se ve en tierra.

Desde allí se pasa al núcleo más antiguo del Duecento del Palacio Pontificio: la Sala de los Claroscuros, pintada al fresco sobre diseño de Rafael, en el segundo decenio delCinquecento, y la Capilla Nicolina, lugar privado de oración del papa Nicolás V, pintada entre 1447 y 1451 por el Beato Angelico, fraile dominico dedicado al arte de la miniatura, para ilustrar hechos de la vida de San Esteban y de San Lorenzo.

Siguiendo el recorrido de las Estancias de Rafael, el visitante llega a la Estancia de Heliodoro, la segunda que realizara Rafael de Urbino entre los años 1511 y 1514. En ella se exalta el poder espiritual y temporal de la Iglesia, describiendo las intervenciones de Dios en favor de los hombres. En la “Misa de Bolsena” se representa el milagro que, según la tradición, en 1263, hizo que manaran gotas de sangre de la hostia consagrada, convenciendo a un sacerdote bohemio sobre la veracidad de la transustanciación del pan en el cuerpo de Cristo y del vino en su sangre. Nótese la presencia del papa Julio II, que encargó la obra, asistiendo a la misa. La “Expulsión de Heliodoro” del templo de Jerusalén demuestra el carácter inviolable del patrimonio de la Iglesia: Heliodoro, que ha robado el tesoro del templo hebraico de Jerusalén, es alcanzado por unos mensajeros divinos que lo castigan mientras que un grupo de personas, entre ellas el mismo Julio II, presencian la escena. Con respecto a la “Escuela de Atenas” que se verá luego, el centro de la pintura vacía y los colores oscuros recuerdan la influencia de la pintura véneta de ese tiempo. También en la “Liberación de San Pedro de la cárcel” se encuentran tonalidades como las anteriores; se trata de uno de los primeros nocturnos de la historia del arte italiana. El fresco está dividido en tres episodios: el ángel se presenta a San Pedro invitándolo a seguirlo (en el centro), la huida de San Pedro y el ángel (a la derecha), y el despertar de los guardias sobre un fondo de magnífico claro de luna (a la izquierda).

A continuación, la “Estancia de la Signatura”, la primera pintada por Rafael. El nombre se debe a la función de este ambiente, destinado a biblioteca papal donde se firmaban los documentos oficiales. Aquí están representadas las tres categorías neoplatónicas de lo Verdadero, lo Bueno, lo Bello. Lo Verdadero sobrenatural se representa en la Disputa del Santísimo Sacramento, lo Verdadero racional en la Escuela de Atenas, lo Bueno en las figuras de las Virtudes y de la Ley, mientras que lo Bello es el Parnaso.


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