Los días 4 y 5 de septiembre se celebró en el Pontificio Colegio Filipino de Roma “AI as a Catalyst Roma”, un encuentro promovido por MIT Critical Data con el objetivo de situar a las comunidades migrantes en el centro de la reflexión sobre la transformación impulsada por la inteligencia artificial.
Dos jornadas que reunieron a representantes de instituciones y de la Iglesia, investigadores, profesionales, mentores, estudiantes y miembros de la comunidad filipina en Italia, alternando espacios de diálogo con actividades prácticas. En el centro del debate estuvieron no solo las oportunidades que ofrece la IA, sino también las responsabilidades que acompañan su utilización y una pregunta fundamental: ¿cómo lograr que la inteligencia artificial esté realmente al servicio de las personas y de las comunidades?
La iniciativa contó con MIT Critical Data como entidad convocante, la Embajada de Filipinas en Italia como coorganizadora y la participación de la International Migrants School como socio educativo.
Entre los protagonistas del encuentro estuvo Leo Anthony Celi, fundador de MIT Critical Data, junto con el equipo que diseñó la cita romana. El padre Gregory Ramon D. Gaston, rector del Pontificio Colegio Filipino, fue el encargado de dar la bienvenida a los participantes. Durante las jornadas intervinieron asimismo Nathaniel G. Imperial, embajador de Filipinas ante la República Italiana, y, el segundo día, Raphael Perpetuo M. Lotilla, embajador de Filipinas ante la Santa Sede.
Comunidad y sentido crítico
Uno de los elementos que caracterizaron la iniciativa fue la participación directa de las comunidades de estudiantes y educadores de la International Migrants School, incorporando al debate la perspectiva de los jóvenes que ya conviven con la inteligencia artificial como parte de sus estudios y de su vida cotidiana. Los participantes trabajaron en pequeños grupos, cada uno de ellos guiado por un mentor, con la tarea de debatir y desarrollar los distintos ejercicios. Por la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano participó como mentor Davide Giordano, miembro de la Comisión de IA de la Dirección de Telecomunicaciones y Sistemas Informáticos, en el Servicio de Proveedor de Internet.
Durante la primera jornada, uno de los ejercicios llevó a los grupos a formular una misma pregunta a distintos sistemas de inteligencia artificial, utilizando lenguas y modalidades diferentes. La experiencia puso de relieve un aspecto esencial del uso de la IA generativa: la naturalidad con la que responde un sistema no debe confundirse con la capacidad humana de comprender, valorar o formular un juicio.
¿Qué nos dicen realmente los datos?
La segunda jornada aplicó este mismo principio a los datos mediante el análisis del informe “Mortality Trends Among Overseas Filipinos in Italy (2014-2024)”, basado en los fallecimientos registrados por la Embajada de Filipinas en Roma y el Consulado General de Filipinas en Milán.
El conjunto de datos comprende 2.175 fallecimientos registrados y arroja, entre otros indicadores, una edad media al fallecimiento de 58,2 años. Pero precisamente esta cifra permitió mostrar la diferencia entre disponer de un dato y comprender su significado.
El informe aclara, de hecho, que ese valor no equivale a la esperanza de vida de la población filipina residente en Italia, describe los fallecimientos incluidos en un archivo consular específico, con las limitaciones derivadas de la forma en que esas informaciones son recopiladas y clasificadas.
El taller desplazó así la atención de la respuesta a la pregunta ¿qué representa realmente el dato que estamos observando? ¿Quién está incluido en el conjunto de datos y quién podría estar ausente?
Se trata de una cuestión especialmente importante cuando los datos y la inteligencia artificial se aplican al ámbito de la salud. Técnicos, analistas y expertos en IA son necesarios, pero en el proceso también deben tener cabida las personas pertenecientes a la comunidad estudiada. Utilizar la inteligencia artificial para mejorar la atención sanitaria no puede significar olvidar al sujeto más importante: el paciente.
Desarrollar una cultura de la inteligencia artificial significa, por tanto, desarrollar al mismo tiempo una cultura del sentido crítico: conocer los límites de la herramienta, comprender de dónde proceden los datos y la información, reconocer lo que falta y mantener en manos de las personas la responsabilidad de las decisiones.
Al término de las dos jornadas, los participantes recibieron la visita del cardenal Luis Antonio G. Tagle, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, Sección para la Primera Evangelización y las Nuevas Iglesias Particulares, quien acudió al Pontificio Colegio Filipino para saludar a los presentes al concluir los trabajos.
Un momento final para un encuentro en el que hablar de inteligencia artificial significó, ante todo, hablar de personas, comunidades y responsabilidad.
