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La participación en «AI as Catalyst – Reimagining Medical Education and Workforce Development» en el Massachusetts Institute of Technology de Boston

Poner a la persona en el centro

Los días 15 y 16 de enero de 2026, Davide Giordano, del Servicio de Proveedores de Internet de la Dirección de Telecomunicaciones y Sistemas Informáticos y miembro de la Comisión sobre Inteligencia Artificial de la Gobernación, participó en el evento «AI as Catalyst – Reimagining Medical Education and Workforce Development», celebrado en el Massachusetts Institute of Technology de Boston.

La iniciativa representó un espacio de diálogo internacional sobre el papel de la inteligencia artificial como factor habilitador no solo en el ámbito tecnológico, sino, sobre todo, como palanca para repensar los modelos formativos y las competencias profesionales, comenzando por el sector sanitario. En este contexto, la tecnología se convierte en una oportunidad para interrogarse sobre «qué tipo de profesionales estamos formando» y sobre cómo prepararlos para desempeñarse en sistemas de atención cada vez más complejos y digitalizados.

Las sesiones se abrieron con la intervención del profesor Leo Anthony Celi, miembro de MIT Critical Data, quien subrayó que la inteligencia artificial puede actuar como una herramienta de facilitación técnica, pero, sobre todo, como catalizador de una revisión profunda de los itinerarios formativos.

Desde el inicio emergió una visión clara: si determinadas funciones cognitivas pueden ser apoyadas o automatizadas, la formación ya no puede limitarse a la adquisición de instrucciones técnicas, información o protocolos operativos, sino que debe evolucionar para reforzar aquello que permanece central en la práctica profesional.

Durante la primera jornada, la pluralidad de perfiles presentes —procedentes de ámbitos diversos, pero unidos por responsabilidades decisorias y relacionales— se articuló en tres talleres temáticos. Los grupos de trabajo se orientaron a cuestionar paradigmas formativos estandarizados o de concepción tradicional, poniendo de relieve sus límites frente a la complejidad de los contextos reales. El intercambio permitió revalorizar competencias a menudo consideradas «transversales», como la capacidad de escucha, la gestión de la incertidumbre, la colaboración y la empatía, entendidas no como cualidades innatas, sino como habilidades profesionales que pueden y deben cultivarse mediante itinerarios formativos adecuados.

La segunda jornada, celebrada en la sede histórica del MIT, estuvo dedicada a un trabajo de síntesis orientado a hacer operativas las reflexiones surgidas. El objetivo compartido fue transformar el debate en orientaciones prácticas, inmediatamente aplicables en los respectivos contextos de referencia.

En su conjunto, la experiencia confirmó que poner a la persona en el centro no constituye una posición ética abstracta, sino una opción formativa concreta: invertir en competencias que requieren entrenamiento, experiencia y reflexión compartida. La formación se perfila así como una infraestructura invisible pero decisiva, capaz de sostener toda práctica innovadora y de preparar a profesionales capaces de integrar la tecnología sin delegar el sentido de las decisiones.

La adopción de la inteligencia artificial, tanto en el ámbito sanitario como en otros sectores, hace inevitable una revisión de los modelos educativos. No se trata de elegir entre tecnología y humanidad, sino de formar profesionales capaces de mantener ambas dimensiones unidas, a través de comunidades de aprendizaje y recorridos interdisciplinarios.

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