Seleccione su idioma

Seminario de la Oficina del Trabajo de la Sede Apostólica (ULSA) sobre “Potencialidades y desafíos de la Inteligencia Artificial”

Un enfoque consciente ante la tecnología que transformará nuestro futuro

El 2 de marzo de 2026, en la Sala San Pío X de la Via della Conciliazione, en Roma, en la sede de la Oficina del Trabajo de la Sede Apostólica (ULSA), se celebró un Seminario de particular relevancia dedicado a los temas de la Inteligencia Artificial. El encuentro, organizado por la Secretaría para la Economía en colaboración con la ULSA, reunió a expertos de reconocido prestigio nacional e internacional para abordar una de las cuestiones más decisivas de nuestro tiempo: las potencialidades y los desafíos de la IA en sus dimensiones cultural, técnica y ética.

En el evento —inaugurado por el profesor Pasquale Passalacqua, Director de la ULSA— participó también la Dirección de Telecomunicaciones y de los Sistemas Informáticos de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, junto con numerosos colaboradores procedentes de los distintos Servicios.

A las 09.00 dieron comienzo los trabajos que, tras la acogida, los agradecimientos y las presentaciones iniciales, se desarrollaron con notable entusiasmo tanto por parte de los ponentes como de los numerosos participantes que llenaron completamente la sala.

La perspectiva cultural y teológica

La primera intervención fue confiada al obispo monseñor Paul Tighe, Secretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación, quien expuso con gran claridad cuál debería ser el enfoque ante una tecnología tan poderosa, disruptiva y decisiva para el ser humano.

Según monseñor Tighe, la Inteligencia Artificial no es un instrumento que deba ser temido ni tampoco idolatrado. Aunque no es neutral por definición, esta tecnología puede ofrecer respuestas, ayuda y apoyo en una amplísima gama de aplicaciones: desde el trabajo cotidiano hasta la vida privada, la IA acompaña al ser humano, que sin embargo debe saber gestionarla y “conducirla” con diligencia y conciencia.

El mensaje central de su intervención fue la necesidad de una conciencia extendida acerca del poder y del alcance de una herramienta de esta naturaleza, capaz de proporcionar innumerables respuestas cuya veracidad debe ser siempre examinada y ponderada por el ser humano. Asimismo, quienes hacen uso de estas tecnologías, aun reconociendo su potencial, no deben ceder a la tentación de compartir y elaborar cualquier tipo de dato —especialmente en el ámbito empresarial— exponiendo así a las organizaciones a fenómenos extremadamente peligrosos vinculados a la denominada shadow AI.

La intervención concluyó con una invitación firme a no delegar en estas herramientas la gestión de nuestra vida, resistiendo de manera vigilante al proceso de cognitive off-loading. Monseñor Tighe exhortó además a mirar el futuro con confianza, citando al filósofo Karl Popper, para quien «el futuro está abierto y no está predeterminado», rechazando con decisión tanto el determinismo —la idea de que todo está ya escrito— como el historicismo —la convicción de que la historia sigue leyes necesarias y previsibles—, que definió como teorías pseudocientíficas y peligrosas.

La exhortación final de monseñor Tighe fue, por tanto, clara: permanecer como los principales protagonistas y responsables de nuestra propia vida.

La perspectiva técnica: qué es y qué no es la IA

La segunda intervención estuvo a cargo del profesor Corrado Giustozzi, figura de referencia en el ámbito nacional e internacional en materia de ciberseguridad. Informático con más de treinta y cinco años de experiencia, es profesor de Ciberseguridad en el máster en Ingeniería de Sistemas Inteligentes de la Universidad Campus Bio-Médico, además de docente en varios másteres universitarios de primer y segundo nivel en Ciberseguridad en LUISS, Campus Bio-Médico, Link Campus y SIOI.

Periodista publicista y miembro de la Unión de Periodistas Italianos Científicos (UGIS), cuenta con más de mil artículos de divulgación técnica y científica y es autor de cuatro libros. La Universidad de Roma Tor Vergata le concedió el título de laurea magistrale honoris causa en Ingeniería de Internet y de las Tecnologías de la Información y de la Comunicación. Es asimismo miembro del Consejo Directivo de Clusit y Founding Partner & Chief Strategist de Rexilience.

El profesor Giustozzi dirigió su particular “catalejo” no tanto hacia lo que es la IA, sino hacia lo que en realidad no es —y quizá nunca será—. A través de un recorrido histórico que evocó a los pioneros de la investigación, desde Alan Turing hasta John McCarthy, hasta llegar a una detallada panorámica de los desarrollos contemporáneos, subrayó con claridad que, en la base de todo —incluida la aparente inexplicabilidad de ciertos procesos generados por las plataformas de IA— se encuentran decisiones humanas.

Desde la construcción de los algoritmos hasta el desarrollo de los mecanismos de reasoning e inferencia, cada elección responde a una decisión humana, consciente o no. Y es precisamente en este contexto donde emerge una cuestión que, pese a tener ya varias décadas, aún no ha encontrado una respuesta definitiva: ¿qué entendemos realmente por inteligencia?

El mensaje del profesor Giustozzi fue el de celebrar con justicia la creación de una tecnología de esta naturaleza, sin cargarla de connotaciones procedentes más del imaginario narrativo o cinematográfico —que evocan escenarios apocalípticos de inminente realización— que de la realidad. La clave interpretativa es clara: la IA no es algo autodeterminado; es algo que nosotros mismos estamos queriendo y construyendo. Algo que hemos querido. Lo que corresponde ahora es conocerla y aprender a utilizarla de manera responsable y consciente.

Los desafíos éticos: una cuestión de orientación

La última intervención, antes de la sesión de preguntas y respuestas, estuvo a cargo del profesor padre Paolo Benanti, franciscano del Tercer Orden Regular (T.O.R.), teólogo y filósofo. Profesor en la Pontificia Universidad Gregoriana y en la Universidad LUISS Guido Carli, el padre Benanti es una de las voces más autorizadas en el debate internacional sobre la ética de la Inteligencia Artificial.

En 2023 fue nombrado por el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, entre los 38 expertos del nuevo órgano consultivo de las Naciones Unidas sobre Inteligencia Artificial, en el que representa a Italia y la perspectiva de la Iglesia católica. Es asimismo miembro de la Pontificia Academia para la Vida y autor de numerosas monografías sobre bioética, ética de las tecnologías e inteligencia artificial.

La intervención del padre Benanti se centró principalmente en la dimensión ética, más que en los escenarios potenciales, positivos o negativos, que la IA podría generar. A través de diversos ejemplos históricos y culturales, mostró cómo «el destino de una tecnología» raramente ha sido casual, sino más bien profundamente orientado.

Esto permite comprender cómo las tecnologías más avanzadas suelen estar fuertemente orientadas y polarizadas, de manera intencional, de tal forma que solo una parte relativamente reducida de la humanidad puede hacer uso de ellas con verdadera facilidad. Un concepto central de su intervención fue precisamente el modo en que las tecnologías han sido “reorientadas” junto con categorías como el uso, el abuso y el beneficio.

El padre Benanti trazó un sugestivo paralelismo con épocas pasadas: cuando una persona poseía un bien material ,como un caballo, era libre de disponer de él según sus propias necesidades, utilizándolo para arar los campos, dándole otros usos o incluso obteniendo beneficio de él. En el contexto tecnológico contemporáneo, esta libertad ha desaparecido en gran medida.

Basta pensar en los automóviles modernos, cargados de componentes que son de nuestra propiedad solo de manera formal, pero no efectiva. La actualización del software de a bordo, por ejemplo, depende exclusivamente del fabricante, que puede realizarla añadiendo funcionalidades o , peor aún,  eliminándolas según su propio criterio. La reflexión se vuelve aún más significativa cuando se aplica al teléfono móvil: retomando el paralelismo con el caballo del ejemplo anterior, ya no somos más que “poseedores materiales” del dispositivo. Todo lo demás de ese paralelepípedo de metal, silicio y otros materiales pertenece, en última instancia, al gestor que decide su vida y su funcionamiento según su propio “uso”.

La pregunta final planteada por el padre Benanti invitó a una profunda reflexión: en un contexto en el que un objeto tan íntimo como nuestro smartphone estuviera dotado de tecnologías de IA “guiadas” u “orientadas” por los fabricantes conforme a sus intereses comerciales, ¿qué sería de nuestra autonomía de elección y de la de nuestros hijos?

La invitación final , en consonancia con la de los demás ponentes,  fue no adoptar una postura ni escéptica ni críticamente apriorística, sino consciente y crítica, capaz de evaluar, caso por caso, las nuevas tecnologías que progresivamente irán configurando nuestra vida cotidiana.

Hacia una gobernanza responsable de la IA

De las tres intervenciones, a pesar de sus diferentes perspectivas, emerge un mensaje coherente: la Inteligencia Artificial es una realidad con la que tendremos que convivir, pero su trayectoria no está predeterminada. Refleja las decisiones, los valores y los intereses de quienes la diseñan y la implementan.

La conciencia cultural y teológica de monseñor Tighe, la lucidez técnica del profesor Giustozzi y la perspicacia ética del padre Benanti convergen en un punto fundamental: somos nosotros —como sociedad, como ciudadanos, como consumidores y como creyentes— quienes debemos permanecer como protagonistas activos en la orientación del desarrollo de estas tecnologías hacia el bien común.

El encuentro concluyó a las 13.20 con una interesante sesión de preguntas y respuestas, dejando en los participantes el deseo de un próximo encuentro que permita profundizar aún más en un tema destinado a desempeñar un papel central en la configuración del futuro de la humanidad.

 

Seleccione su idioma