Renovador de la vida cenobítica
San Domingo Manso, llamado de Silos por su prolongada permanencia en el monasterio que acabaría llevando su nombre, nació en torno al año mil en la pequeña localidad riojana de Cañas, en España. Su infancia transcurrió entre pastos y rebaños, pero mientras vigilaba las ovejas de su familia comenzó a germinar en él una profunda atracción por la vida sagrada. Fue acogido por el sacerdote del lugar, quien lo tomó bajo su tutela y fue modelando pacientemente su formación. Al cumplir veintiséis años, el obispo de Nájera lo ordenó presbítero.