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20 de diciembre: San Domingo de Silos, abad

Renovador de la vida cenobítica

San Domingo Manso, llamado de Silos por su prolongada permanencia en el monasterio que acabaría llevando su nombre, nació en torno al año mil en la pequeña localidad riojana de Cañas, en España. Su infancia transcurrió entre pastos y rebaños, pero mientras vigilaba las ovejas de su familia comenzó a germinar en él una profunda atracción por la vida sagrada. Fue acogido por el sacerdote del lugar, quien lo tomó bajo su tutela y fue modelando pacientemente su formación. Al cumplir veintiséis años, el obispo de Nájera lo ordenó presbítero.

Tras un periodo de retiro en soledad, se presentó a la comunidad benedictina de San Millán de la Cogolla, donde completó sus estudios y recibió el encargo de la formación de los jóvenes monjes. En 1038, el abad García lo elevó a la dignidad de prior.

Dos años más tarde, el soberano navarro García exigió al monasterio una cuantiosa suma destinada a sostener sus empresas militares. Domingo se opuso con firmeza, aunque con respeto. La reacción del rey, sin embargo, fue tan airada que ordenó su destitución y destierro. Así, en 1041, abandonó Navarra y halló refugio en Castilla, donde el rey Fernando lo acogió bajo su protección.

Por entonces, la abadía de San Sebastián de Silos se encontraba en un estado de profunda decadencia; por ello, Fernando confió precisamente a Domingo la misión de devolverle la vida. La restauración comenzó por la iglesia y se extendió después a los distintos espacios comunitarios y al claustro, devolviendo poco a poco el esplendor a un lugar que parecía condenado a la ruina.

Domingo murió el 20 de diciembre de 1073, dejando tras de sí una obra tan sólida y fecunda que supo atravesar los siglos y llegar hasta nuestros días.

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