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21 de diciembre: San Pedro Canisio

Promotor de la Reforma de la Iglesia

El 8 de mayo de 1521 nacía, en la villa neerlandesa de Nimega —entonces parte del ducado imperial de Güeldres y, por tanto, del Sacro Imperio Romano Germánico— quien habría de convertirse en una de las figuras decisivas de la Reforma católica.

En 1543, tras haber meditado los Ejercicios espirituales bajo la guía de Pedro Fabro, decidió abrazar la vida religiosa en la Compañía de Jesús. Pocos años después participó en dos sesiones cruciales del Concilio de Trento, en 1547 y en 1562, convocado personalmente por el cardenal Otto Truchsess von Waldburg, obispo de Augsburgo. Fue en ese contexto cuando adoptó de manera estable la forma latina de su nombre.

La renovación de la vida cristiana promovida por el Concilio tridentino se convirtió en el eje central de su apostolado: trabajó incansablemente para reavivar la fe tanto en las conciencias individuales como en las comunidades eclesiales. Tras un breve periodo en Roma y en Mesina, fue enviado a Baviera, donde desempeñó cargos de gran responsabilidad en la Universidad de Ingolstadt —decano, rector y vicecanciller—. Posteriormente, en Viena, ejerció como administrador de la diócesis y como predicador muy apreciado en la catedral de San Esteban, además de dedicarse con constancia a la visita de cárceles y hospitales.

En 1556 fue designado primer Provincial de la recién creada Provincia jesuítica de Alemania Superior. Durante esos años impulsó una densa red de colegios y comunidades, instrumentos esenciales para la restauración católica en los territorios de lengua alemana. En el mismo espíritu participó en delicadas negociaciones políticas, actuando como representante oficial de la Iglesia. San Juan Pablo II, al recordarlo con ocasión del cuarto centenario de su muerte, señaló que la Providencia «lo convirtió en su mensajero en un tiempo en que la voz de la fe católica corría el riesgo de apagarse en aquellas tierras».

Su influencia se ejerció asimismo a través de una intensa labor editorial. Preparó ediciones completas de las obras de Cirilo de Alejandría y de León Magno, recopilaciones de escritos de san Jerónimo y las oraciones de san Nicolás de Flüe. Publicó además textos devocionales en diversas lenguas, vidas de santos suizos y colecciones de sermones. Con todo, sus obras más célebres fueron los tres conocidos Catecismos, redactados entre 1555 y 1558: uno destinado a estudiantes capaces de abordar contenidos teológicos elementales, otro pensado para los muchachos del pueblo y un tercero dirigido a alumnos de enseñanza media y superior. Las verdades de la fe se presentaban en ellos con claridad esencial, en forma de preguntas y respuestas, sin tono polémico y con un sólido arraigo bíblico. Ya en vida del autor se alcanzaron las doscientas ediciones.

Dotado de una cortesía que le granjeó la estima tanto del emperador Fernando I como del papa Gregorio XIII, prefería poner de relieve la belleza de la doctrina católica antes que insistir en los errores ajenos. En los últimos años de su vida fundó en Friburgo, en 1580, el Colegio de San Miguel, que posteriormente conoció diversas sedes, entre ellas Feldkirch y St. Blasien en la Selva Negra. Murió el 21 de diciembre de 1597 y fue sepultado en la iglesia universitaria de San Miguel de Friburgo, dejando una herencia espiritual llamada a marcar profundamente la historia religiosa de Europa.

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