24 de diciembre: Santa Irma, abadesa
A la escuela de san Benito y santa Escolástica
Irma vivió entre los siglos VII y VIII y, según la tradición, era hija de Dagoberto, rey de Austrasia, la porción oriental de la Galia merovingia. Tras quedar soltera a la muerte de su prometido, ingresó en la orden benedictina y fundó en Tréveris el monasterio de Oeren, del que llegó a ser abadesa.
Su vida estuvo marcada por una profunda devoción y por el apoyo constante a los misioneros. En particular, prestó ayuda a san Willibrordo, el monje inglés empeñado en la evangelización de Frisia. Cuando una grave epidemia azotó la región y amenazó también al monasterio, las oraciones de Willibrordo obtuvieron alivio y la liberación del contagio. En agradecimiento por su intercesión y por su obra, Irma le donó el territorio de Echternach, haciendo posible la fundación de un monasterio que se convertiría en el centro de su actividad misionera y de la formación de sus discípulos.
Santa Irma continuó sosteniendo a Willibrordo, tanto con la oración como con medios materiales, hasta su muerte, ocurrida hacia el año 710, en la víspera de Navidad, el mismo día en que, según la tradición, habría fallecido también santa Adela, considerada por muchos como su hermana.
