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1 de febrero: Santa Verdiana, virgen

Reclusa por amor a Cristo

Verdiana nació en Castelfiorentino cuando el núcleo urbano había recibido recientemente esa denominación, atribuida por el Obispo de Florencia. Las fuentes históricas sitúan su nacimiento en 1178, y la tradición popular la describe como una joven sirvienta al servicio de la familia Attavanti.

Se trata de una época marcada por fuertes tensiones políticas: también la Valdelsa se vio implicada en los conflictos contra el poder imperial germánico. Precisamente en Castelfiorentino, en la iglesia parroquial de San Hipólito, el 4 de diciembre de 1197 se selló la alianza de la liga güelfa toscana contra Federico Barbarroja.

Durante su infancia, Verdiana llevó una vida sencilla, dedicada al pastoreo de rebaños, y en torno a su figura comenzaron pronto a entretejerse relatos populares que hablaban de acontecimientos prodigiosos. Con el paso de los años fue acogida de manera estable en la casa de los Attavanti, donde se sitúa uno de los episodios más célebres vinculados a su fama: el llamado milagro de las habas. Se cuenta que Jacopo Attavanti había acumulado reservas de legumbres con la intención de revenderlas a precio elevado durante un período de grave carestía, posterior a una epidemia. Sin embargo, cuando el comprador se presentó para retirar la mercancía, el almacén apareció inexplicablemente vacío, pues Verdiana lo había distribuido todo entre los necesitados. Ante la ira del cabeza de familia, la joven pidió tan solo que se aguardara un día: transcurridas veinticuatro horas, la cosecha reapareció intacta, como signo de la recompensa divina por la caridad ejercida.

En la edad adulta, Verdiana emprendió el camino de la peregrinación, vivido como un giro espiritual y un acto de penitencia. Llegó a Santiago de Compostela, ante la tumba del apóstol Santiago, y quizá también a Roma, donde veneró los sepulcros de los mártires. De regreso a Castelfiorentino, su viaje exterior se transformó en una elección radical de vida interior.

Los habitantes mandaron construir para ella una pequeña celda junto al río Elsa, al lado del oratorio de San Antonio Abad, edificio que también se utilizaba como lugar de aislamiento para los enfermos de peste. Verdiana ingresó en ella el primer domingo de Adviento de 1208 y permaneció recluida durante treinta y cuatro años, llevando una existencia de total reclusión.

A través de una diminuta abertura seguía la Misa, dialogaba con quienes acudían a verla y recibía el escaso alimento que se le permitía.

Según la tradición, por ese mismo pequeño vano habría encontrado también a san Francisco de Asís durante su paso por la Valdelsa; con certeza, antes de morir pudo ver erigirse, no lejos de allí, la nueva iglesia franciscana. Mantuvo asimismo una estrecha relación con Ardingo, obispo de Florencia y protagonista de una importante labor de renovación eclesial, quien escuchó sus palabras y consejos hasta el final de su vida pastoral.

En los últimos años, Verdiana habría soportado en silencio una dura prueba: la convivencia con dos serpientes en su celda, presencia que nunca quiso revelar a nadie.

Murió el 1 de febrero de 1242; la tradición relata que la noticia de su muerte fue anunciada por el sonido espontáneo de las campanas. 

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