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24 de febrero: Beato Tommaso Maria Fusco

Al servicio de los más abandonados

El Beato Tommaso Maria Fusco nació en Pagani el 1 de diciembre de 1831, en el seno de una familia profundamente cristiana. Su infancia estuvo marcada por el dolor: su madre murió a causa del cólera cuando él aún era niño y, pocos años después, perdió también a su padre. Huérfano a temprana edad, su formación quedó a cargo de un tío paterno, sacerdote.

Desde muy joven maduró en él la vocación sacerdotal, alimentada tanto por el ejemplo de su hermano mayor —también sacerdote— como por el clima espiritual que caracterizaba a su familia. Ingresó así en el seminario diocesano, recibió la Confirmación en 1851 y fue ordenado sacerdote en diciembre de 1855.

Las numerosas pruebas afrontadas durante los años de formación —entre ellas la muerte del tío y del hermano sacerdote— influyeron decisivamente en su espiritualidad, que se fue centrando en Cristo sufriente y en la Virgen de los Dolores. Esta devoción se convirtió en el núcleo de su vida interior y de su acción apostólica.

Desde los primeros años de ministerio, don Tommaso se distinguió por su atención a la educación de los jóvenes y al crecimiento cristiano del pueblo. Abrió una escuela en su propia casa y organizó encuentros nocturnos de oración y catequesis, inspirándose en la experiencia pastoral de San Alfonso María de Ligorio.

En 1857 se incorporó a los Misioneros Nocerinos, dedicándose con celo a las misiones populares, especialmente en el sur de Italia. En 1860 fue nombrado capellán del Santuario de la Virgen de las Gallinas, en Pagani, donde impulsó las asociaciones católicas masculinas y femeninas. Allí erigió el altar del Crucifijo y fundó la Pía Unión para el culto al Preciosísimo Sangre de Jesús.

Movido por el deseo de contribuir también a la formación del clero, fundó una escuela de teología moral para sacerdotes, con el fin de prepararlos para el ministerio de la reconciliación. Creó asimismo una fraternidad sacerdotal dedicada a la evangelización, que posteriormente obtuvo el reconocimiento pontificio.

Un episodio dramático que afectó a una joven huérfana abandonada marcó un punto de inflexión en su vida. Tras un intenso discernimiento espiritual, en 1873 fundó una nueva familia religiosa femenina, las Hijas de la Caridad del Preciosísimo Sangre, con el objetivo de acoger y educar a las niñas más pobres y desamparadas.

En los años siguientes se dedicó incansablemente a las misiones, a la predicación y a la fundación de casas y orfanatos, sin abandonar su servicio pastoral como párroco, confesor y guía espiritual. Afectado por una grave enfermedad, murió el 24 de febrero de 1891. Fue beatificado por Juan Pablo II el 7 de octubre de 2001.

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