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6 de abril: San Pedro de Verona, mártir

Misionero apostólico contra la herejía

Pedro Rosini nació en Verona hacia 1205, en el seno de una familia acomodada. Es posible que alguno de sus parientes hubiera adherido a la herejía cátara, muy difundida en aquel tiempo. Su padre lo envió a estudiar a la Universidad de Bolonia, donde entró en contacto con el ambiente de los Frailes Predicadores. Conoció personalmente a santo Domingo, quien en 1221 lo acogió en su Orden.

En 1232, Gregorio IX lo envió a Lombardía, donde la herejía cátara estaba muy extendida. Tenía la misión de predicar como misionero apostólico para reconducir a la población a la verdadera fe.

Se estableció en el convento de Sant’Eustorgio, donde fundó una asociación denominada «Sociedad de la Fe» o de los Fieles, comprometida en la lucha contra la herejía. Fundó también otra cofradía, «la Sociedad de la Virgen», para contrarrestar la doctrina cátara que negaba la virginidad perpetua de María. Pedro llevaba una vida ascética: al amanecer se confesaba y celebraba la Misa; después se dedicaba durante muchas horas a oír confesiones. Practicaba numerosas penitencias y tomaba una sola comida al anochecer. Tras un breve descanso nocturno, se entregaba a la oración y al estudio para refutar las tesis cátaras.

En 1234 consiguió que se incorporara a los estatutos de Milán el decreto de Gregorio IX contra los herejes. En 1240 fue elegido prior del convento de Asti y, en 1242, prior del convento de Piacenza, donde promovió el estudio de las Escrituras.

Hacia mediados de 1244, Inocencio IV lo envió a Florencia para apoyar, mediante la predicación, la acción del obispo Ardingo contra los herejes patarinos. Ese mismo año, a petición suya, el podestà de Florencia mandó ampliar la plaza situada ante el convento dominico de Santa María Novella, para facilitar la predicación al pueblo. En ese periodo examinó la vida y las reglas de los Siervos de María, fundados en 1233 por siete mercaderes florentinos, y los defendió ante Inocencio IV.

En 1249 desempeñó una misión de paz en Rímini. En 1251 fue enviado como prior del convento de Como y a combatir la herejía en Cremona. Inocencio IV lo nombró inquisidor apostólico para Lombardía.

El Domingo de Ramos de 1252 exhortó a algunos sospechosos de herejía a convertirse y, posteriormente, regresó al convento de Como. El 6 de abril, Jueves Santo, a pesar de padecer fiebre cuartana, quiso dirigirse a Milán por compromisos apostólicos. Sus hermanos intentaron persuadirlo de que no partiera, pero en vano. Lo acompañó fray Domingo y ambos emprendieron el camino por una ruta rodeada de bosques, donde existía el riesgo de encontrarse con herejes. Dos sicarios, Pedro de Balsamo, llamado Carino, y Albertino Porro de Lentate, lo aguardaban en la espesura de Farga, junto al río Seveso. Carino lo hirió en el hombro y en la cabeza con un falcastro, una especie de hoz invertida. Caído en tierra, con el cráneo abierto, Pedro dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» y comenzó a recitar el Credo. Apenas terminó, fue rematado con una puñalada en el pecho. Los dos sicarios hirieron también a fray Domingo.

Al conocerse lo sucedido, los fieles trasladaron el cuerpo de Pedro en procesión a Milán y lo depositaron en la abadía de San Simpliciano, tal como él había predicho. Al día siguiente fue sepultado en Sant’Eustorgio. Inocencio IV lo canonizó en Perugia el 25 de marzo de 1253, menos de un año después de su muerte.

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