18 de abril: Beata Savina Petrilli
Al servicio de las huérfanas, de las jóvenes necesitadas y de los pobres, para quienes fundó la Congregación de las Hermanas de los Pobres de Santa Catalina de Siena.
Savina nació en Siena el 29 de agosto de 1851, hija de Celso y Matilde Vetturini.
Desde niña experimentó la enfermedad y, desde su nacimiento, tuvo un pie deforme. A los nueve años comenzó a asistir a la escuela de las Hijas de la Caridad de San Jerónimo. Eligió como director espiritual a don Francesco Ballati, canónigo de la catedral, quien la acompañó en su camino de maduración en la fe. No pudo cursar estudios superiores, pero estudió el Catecismo y lo enseñó en la parroquia a los niños que se preparaban para la primera Comunión.
A los quince años ingresó en la Asociación de las Hijas de María, de la cual llegó a ser presidenta.
En 1869, junto con un grupo de conciudadanos, fue recibida en audiencia privada por Pío IX, quien la saludó diciendo: “Camina tras las huellas de santa Catalina y sigue sus ejemplos”. La joven interpretó estas palabras como una invitación.
El 8 de diciembre de 1873, con el permiso del arzobispo de Siena, en la casa paterna, junto con tres compañeras, fundó la Congregación de las Hermanas de los Pobres de Santa Catalina de Siena. En enero de 1874 acogió a la primera niña pobre. Estaba tan hambrienta y desnutrida que la gente la llamaba “Tres onzas”. Fue el inicio de una nueva actividad caritativa, porque para Savina el pobre era “sacramento de Cristo”.
Pronto, la casa de los Petrilli resultó demasiado pequeña para albergar a las religiosas y a las niñas, por lo que el 7 de septiembre de 1874, con cinco compañeras y algunas huérfanas, se trasladó a un apartamento.
Siguiendo los consejos del beato obispo dominico Pío Alberto Del Corona, redactó las Constituciones de la Congregación. Durante toda su vida se dedicó a la formación de las religiosas y a las actividades caritativas del Instituto.
En 1881 abrió una nueva casa en Onano, cerca de Viterbo, pero tuvo que ser cerrada por la desobediencia de la religiosa enviada. También sufrió por la intromisión del canónigo Ballati, quien se consideraba cofundador de la Congregación, aunque en realidad era solo el confesor. El arzobispo dispuso una visita canónica para comprobar que el Instituto no presentaba problemas.
En su vida emitió los votos de “no negar nada voluntariamente al Señor”, de “obediencia perfecta” al director espiritual, de “no quejarse deliberadamente en los sufrimientos externos e internos” y de “abandono total” a la voluntad del Padre.
A partir de 1890, Savina padeció fibromas en todo el cuerpo. En 1903 envió las primeras misioneras a Brasil y, en 1909, también a Argentina. En 1912 visitó las misiones fundadas en América. Murió el 18 de abril de 1923 y, dos años después, sus restos fueron trasladados a la iglesia de la Visitación en Siena. El 24 de abril de 1988 fue proclamada beata por san Juan Pablo II.
