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31 de mayo: San Félix de Nicosia

El humilde fraile que pedía limosna para los pobres

Analfabeto, sencillo y humilde fraile de san Francisco, pedía limosna a los ricos para distribuirla entre los pobres. Así, durante cuarenta años recorrió las calles de su ciudad anunciando el Evangelio con la palabra y el ejemplo.

Se llamaba, en el siglo, Giacomo Amoroso. Nació en Nicosia, en Sicilia, el 5 de noviembre de 1715, hijo de Filippo y Carmela Pirro, en el seno de una familia numerosa y pobre. Su padre era zapatero y murió prematuramente, dejando a la viuda con tres hijos a su cargo. Nunca fue enviado a la escuela, pero desde muy joven frecuentó el taller de un zapatero y el cercano convento de los Frailes Menores Capuchinos.

Quedó profundamente impresionado por el estilo de vida de los religiosos y decidió ingresar en la Orden. Tenía veinte años cuando pidió al padre guardián que intercediera por él ante el padre provincial de Mesina. Habría sido admitido como hermano lego, dada su condición de analfabeto y su inclinación hacia los trabajos sencillos. Sin embargo, la respuesta del provincial fue negativa, como lo sería en todas las ocasiones en que renovó su petición durante los ocho años siguientes.

A pesar de los rechazos, sentía la llamada de Dios a seguir a los hijos de san Francisco. Cuando el padre provincial visitó Nicosia, logró hablar con él y obtuvo finalmente la admisión en la Orden. Fue enviado al convento de Mistretta para el año de noviciado, que comenzó el 10 de octubre de 1743, tomando el nombre de fray Félix.

El 10 de octubre de 1744 profesó y fue destinado al convento de Nicosia. Contrariamente a la práctica habitual, los superiores no temieron enviarlo de nuevo a su ciudad natal, aun con el riesgo de que los vínculos familiares pudieran distraerlo. Se hallaba ya libre de todo apego terreno y orientado plenamente a la búsqueda de Dios.

En Nicosia se le encomendó la cuestación. Durante cuarenta años recorrió las calles pidiendo limosna a los acomodados y ofreciendo lo recibido a los pobres necesitados. Aunque era analfabeto, se esforzaba por memorizar los textos bíblicos y las predicaciones para transmitirlos a quienes encontraba, anunciando así el Evangelio.

Tenía una especial devoción a Jesucristo crucificado y, por ello, cada viernes contemplaba la Pasión. Durante los viernes de marzo ayunaba a pan y agua y oraba con los brazos en forma de cruz. Manifestaba también un profundo amor a la Eucaristía y permanecía largas horas ante el Sagrario.

Siempre sencillo y obediente, el 31 de mayo de 1787 enfermó mientras trabajaba en el huerto. El superior le ordenó guardar cama y llamó al médico, quien prescribió medicamentos. Sin embargo, fray Félix afirmó que eran inútiles, pues había llegado su hora. Murió ese mismo día.

Fue beatificado por León XIII el 12 de febrero de 1888 y canonizado por Benedicto XVI el 23 de octubre de 2005.

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