Seleccione su idioma

29 de mayo: Santa Bona de Pisa

La peregrina en busca de Dios

En nueve ocasiones peregrinó a Santiago de Compostela y pasó diez años en Tierra Santa. Fue eremita y después oblata, convirtiéndose en un referente espiritual para toda la ciudad. Se llamaba Bona. Nació en Pisa en 1155, en el barrio de Kinzica, un entorno cosmopolita donde residían mercaderes procedentes de diversas regiones.

Su padre, Bernardo, comerciante de origen oriental, mantuvo una relación con Berta, de origen corso, de la cual nació Bona. Tras tres años, el padre regresó a Oriente, dejando a la niña al cuidado de su madre, quien la educó en la fe cristiana.

A los siete años comenzaron los fenómenos místicos que la acompañarían durante toda su vida. Peregrinó en nueve ocasiones a Santiago de Compostela, deteniéndose en Sainte-Maries-de-la-Mer, en Provenza, donde se veneran las Tres Marías.

A los diez años, Jesús se le apareció pidiéndole que lo siguiera más de cerca. Bona habló entonces con el prior de los canónigos regulares agustinianos de San Martín, pero debido a su corta edad no se le permitió ingresar en la Orden. Decidió entonces partir hacia Tierra Santa, donde permanecería diez años.

Cuando su padre supo que se encontraba en Tierra Santa, salió en su búsqueda, pero ella lo evitó. Incluso fue raptada por familiares paternos hostiles y resultó herida. Encontró refugio junto a Ubaldo, un eremita que la acogió como discípula.

De regreso a Italia, visitó la gruta del monte Sant’Angelo, donde se apareció el arcángel Miguel. Allí encontró a los monjes pulsaneses, fundados por san Giovanni da Matera en 1129, en la abadía de Santa María de Pulsano, en el Gargano. Vivió durante un tiempo en un eremitorio cercano.

De vuelta en Pisa, fue acogida como oblata en el monasterio de San Martín. Deseosa de ayudar a los peregrinos, promovió la construcción de un monasterio con hospital y pidió la colaboración de los monjes pulsaneses. Encargó la obra a Simone, abad de San Michele degli Scalzi. Así se erigió el monasterio-hospital de San Jacopo de Podio, a las afueras de Pisa.

Con el tiempo, Bona se convirtió en un referente espiritual para toda la ciudad. Monjes y fieles acudían a ella en busca de discernimiento, consejo y ayuda.

En 1207 quiso peregrinar por última vez a Santiago de Compostela. Sin embargo, debido a su delicada salud, el prior de San Martín se oponía al viaje. Finalmente concedió el permiso con la condición de que un caballero la acompañara y la hiciera regresar ante el primer signo de fatiga. La tradición relata que, al llegar al monasterio de San Jacopo de Podio, Bona convenció al caballero para que la esperara. Entonces se le apareció el apóstol Santiago, quien la llevó en vuelo hasta Compostela y la devolvió en el plazo de una hora.

Murió en Pisa el 29 de mayo de 1207 y fue sepultada en la iglesia de San Martín en Kinzica. En 1962, Juan XXIII la declaró patrona de las azafatas y de las guías turísticas.

Seleccione su idioma