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20 de abril: Santa Inés de Montepulciano

Al servicio de la paz en nombre de Cristo

La fuente biográfica más fiable sobre santa Inés Segni es la Legenda, escrita en 1366 por el dominico beato Raimundo de Capua, quien vivió durante cuatro años en Montepulciano como rector del monasterio fundado por la Santa. Pudo recoger los testimonios de algunas religiosas y de muchas personas que la habían conocido. Consultó también los documentos del archivo del monasterio.

Inés Segni nació el 28 de enero de 1268 en Gracciano Vecchio, en la provincia de Siena, en el seno de una familia noble de Montepulciano. A los 9 años ingresó en la comunidad de vírgenes llamadas “monjas del saco”.

En 1283, los administradores del castillo de Proceno, una pequeña localidad actualmente en la provincia de Viterbo, entonces en el territorio de Orvieto, acudieron a Montepulciano para solicitar el envío de algunas religiosas. Inés fue elegida para esta misión y, con tan solo 15 años, se convirtió en superiora del monasterio. Todos quedaron admirados por su ejemplo de vida: profunda humildad, intensa oración, gran penitencia y amor a la Eucaristía. Son numerosos los testimonios de milagros atribuidos a ella: liberación de posesos, multiplicación del pan y del aceite, curaciones repentinas.

En Montepulciano, sin embargo, reclamaban su regreso. Así, en 1306 volvió a la ciudad. Años antes, Inés había recibido de la Virgen María tres pequeñas piedras para edificar una iglesia y un monasterio. Comprendiendo que debía hacerlo en Montepulciano, fundó el monasterio de Santa María Novella. La comunidad adoptó la Regla de san Agustín y eligió la Orden Dominicana para la asistencia religiosa, después de que Inés tuviera una visión en la que santo Domingo la invitaba a entrar en su Orden.

Fue mediadora de paz entre las familias nobles enfrentadas e intervino para serenar los ánimos y apagar los conflictos. Enferma, los médicos la invitaron a acudir a las aguas termales de Chianciano, adonde fue en 1316, sin encontrar remedio para su enfermedad. Sin embargo, realizó numerosas curaciones. Antes de morir, el 20 de abril de 1317, dijo: “Os he sido útil en vida, lo seré más después de mi muerte”.

Dada su gran fama de santidad, las religiosas y los frailes dominicos no quisieron sepultar el cuerpo, sino embalsamarlo. Cincuenta años después de su muerte, el beato Raimundo de Capua pudo constatar que el cuerpo de Inés permanecía intacto, como si la Santa hubiera fallecido poco tiempo antes.

Pocos meses después de su muerte, se comenzó a registrar los milagros en un libro, donde a menudo los notarios públicos confirmaban los testimonios de los beneficiados. De ese libro, el beato Raimundo seleccionó numerosas curaciones y gracias recibidas por intercesión de santa Inés para componer su obra. Escribía el beato: “A esta Virgen le fue concedido por Dios un poder tan inmenso, que no hubo enfermedad, por contagiosa que fuese, que no desapareciera con solo invocarla”. Fue canonizada por Benedicto XIII en 1726.

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