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23 de abril: Beata María Gabriela Sagheddu

Una vida ofrecida por la unidad de los cristianos

Una existencia ofrecida en edad joven a Dios por la unidad de los cristianos. Es la de María Gabriela Sagheddu. Nació en Dorgali (Nuoro) el 17 de marzo de 1914, en una familia de condiciones económicas discretas. Desde pequeña mostró un carácter fuerte y decidido, a veces también caprichoso y voluble. Inició sus estudios con aprovechamiento, pero a causa de numerosos lutos familiares tuvo que ponerse a trabajar para sostener a su familia.

No participó en ningún grupo parroquial, especialmente en la Acción Católica, hasta que a los 18 años pidió ingresar en la Juventud Femenina de la asociación. Sus familiares y amigos advirtieron en ella, en aquel periodo, un gran cambio espiritual. De carácter difícil, se volvió muy devota del Rosario y más interesada por las realidades espirituales. Comenzó poco a poco a percibir una llamada especial de Dios. Intensificó la oración y se convirtió en catequista. El 6 de octubre de 1935 decidió consagrarse enteramente a Dios y, por sugerencia de su director espiritual, el vicepárroco don Basilio Meloni, ingresó en el monasterio trapense de Grottaferrata (Roma).

Tomó el nombre de María Gabriela, en recuerdo del misterio de la Anunciación, que meditaba con frecuencia, y el 13 de abril del año siguiente recibió el hábito.

En 1936, siguiendo las indicaciones del sacerdote de Lyon, Paul Couturier, gran promotor del ecumenismo y del Octavario de oración por la unidad de los cristianos, la abadesa del monasterio de Grottaferrata, Madre Pia Gullini, acogió la invitación a rezar por esta intención. Cuando al inicio del Octavario por la unidad de los cristianos de 1938 la abadesa pidió a la comunidad oraciones y ofrecimientos, María Gabriela sintió que debía ofrecer su vida por la unidad de los cristianos. Ante las dudas de la abadesa, respondió: “Siento que el Señor me lo pide , dijo a la abadesa, me siento impulsada incluso cuando no quiero pensarlo”. Sin embargo, nunca había estudiado el ecumenismo ni había tenido experiencias en ese ámbito. Tras hablar con el capellán del monasterio, ofreció su vida a Dios por la unidad de los cristianos.

Esa misma noche comprendió que Dios había aceptado su entrega, cuando sintió un agudo dolor en la espalda. Era el inicio de la tuberculosis. Comenzó así su calvario de sufrimiento. En una ocasión dijo a la enfermera: “Mi enfermedad es mi tesoro, no puedo dárselo a nadie”. En quince meses de dolor llegó al final de su existencia el 23 de abril de 1939. Su cuerpo fue sepultado en la capilla de la unidad del monasterio de Vitorchiano (Viterbo), adonde las monjas se habían trasladado en 1957.

María Gabriela fue beatificada el 25 de enero de 1983 por san Juan Pablo II.

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