8 de mayo: Beata Virgen María de Pompeya
Oración coral a la Virgen del Rosario
Llegó envuelta en una sábana sobre un carro de estiércol. No fue una llegada triunfal para la imagen de la Virgen del Rosario que san Bartolo Longo había hecho traer desde Nápoles el 13 de noviembre de 1875. El destino era el Valle de Pompeya, lugar elegido para erigir un Santuario dedicado a la Virgen. Tan humilde fue el traslado, como grande sería después la devoción de los fieles.
Ante esta imagen, desde 1883, cada 8 de mayo, a las 12:00 horas, se recita la célebre Súplica. La fecha fue elegida por el Santo porque coincidía con la fiesta de la aparición del arcángel san Miguel en el Monte Gargano, en Apulia. Además, fue precisamente ese día de 1876 cuando se colocó la primera piedra del Santuario. La otra fecha en la que se recita públicamente la Súplica es el primer domingo de octubre.
La Súplica fue compuesta por Longo en respuesta a la invitación de León XIII a intensificar el compromiso espiritual confiándose a María. El Pontífice dirigió este llamamiento en su primera encíclica sobre el Rosario, Supremi Apostolatus Officio, del 1 de septiembre de 1883.
El cuadro de la Virgen fue entregado al Santo por sor María Concetta De Litala, del convento del Rosariello en Porta Medina, en Nápoles, quien a su vez lo había recibido en custodia del padre Alberto Radente, confesor del Santo, que lo había adquirido de un anticuario.
La reacción de Longo ante la pintura fue de gran decepción, ya que el lienzo estaba deteriorado por las polillas y el paso del tiempo, con pérdidas de color y con la Virgen entregando el rosario a santa Rosa de Lima, en lugar de a santa Catalina de Siena, como es propio de la iconografía dominicana tradicional. El Santo dudó tanto que no quería aceptar el cuadro, de no haber sido por la insistencia de la religiosa.
Dada la necesidad de restauración, la pintura fue confiada inmediatamente al artista napolitano Guglielmo Galella, que realizó los trabajos necesarios. Por primera vez, la imagen fue expuesta a la veneración de los fieles el 13 de febrero de 1876. La intercesión de María no se hizo esperar: ese mismo día, en Nápoles, Clorinda Lucarelli, una niña de 12 años, fue curada de convulsiones epilépticas.
Posteriormente, san Bartolo solicitó una nueva intervención al pintor napolitano Federico Maldarelli, a quien pidió modificar la imagen de santa Rosa por la de santa Catalina de Siena.
