14 de marzo: Santa Matilde, reina
Modelo de esposa
Fue una reina ejemplar, de gran piedad y caridad. Es Santa Matilde de Alemania, o de Ringelheim. Nació en Enger, en Westfalia, hacia el año 895, en el seno de una familia de antigua nobleza. Su padre era el conde sajón de Westfalia, Teodorico de Ringelheim, y su madre, Rinilde de Frisia.
Fue educada en el monasterio de Herford, donde su abuela, Matilde I, era abadesa. Permaneció en el cenobio hasta el año 909, cuando su padre la dio en matrimonio a Enrique de Sajonia, llamado el Pajarero, que tenía unos veinte años más que ella. Enrique sucedió a su padre como duque de Sajonia en 912 y, en 919, a la muerte de Conrado I de Franconia, fue elegido rey de los Francos Orientales, cuyo territorio corresponde en gran parte a la actual Alemania.
De este matrimonio nacieron cinco hijos: Otón I, fundador de la dinastía otoniana y emperador desde 962; Gerberga, esposa del rey de Francia; Eduviges, madre de Hugo Capeto, iniciador de la dinastía capeta; Enrique I, duque de Baviera, y san Bruno, arzobispo de Colonia.
Matilde dio ejemplo de gran caridad hacia los pobres, a quienes visitaba personalmente para entregarles limosnas. Vivió marcada por la austeridad y la oración y, con su humildad, logró mejorar el carácter de su marido. A la muerte de Enrique, en 936, se encontró al frente de numerosas propiedades y fundó varios monasterios. Según el principio bizantino del porfirogénito —según el cual el hijo nacido después de la ascensión al trono del padre era considerado el heredero legítimo, a diferencia de otros hermanos nacidos antes— trató de favorecer a su hijo menor, Enrique, y no a Otón, pero no lo consiguió.
Cuando estalló la lucha fratricida entre Enrique y Otón, Matilde intentó por todos los medios reconciliar a sus dos hijos. Poco después, tuvo que defenderse de sus acusaciones de haber dilapidado el patrimonio de la corona en obras de caridad. Así, les cedió la herencia de su marido y se retiró a su aldea natal. Sin embargo, su hijo Enrique continuó causándole preocupaciones y, en 955, lo vio poco antes de su muerte, invitándolo a convertirse.
En 962, durante el viaje de Otón a Roma para ser coronado emperador, fue regente del Sacro Imperio Romano junto con su hijo San Bruno.
Pasó los últimos años en los monasterios que ella misma había fundado y, tras una larga enfermedad, murió en fama de santidad en la abadía de Quedlinburg, en 968, donde fue sepultada junto a su marido.
