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4 de Febrero: Santa Juana de Valois

Reina de Francia y fundadora de la Orden de la Anunciada

De aspecto frágil, con una complexión marcada y rasgos irregulares, Juana de Valois nunca logró obtener de su padre, Luis XI, rey de Francia, aquella aceptación que su carácter abierto y generoso habría merecido.

Nacida en Nogent-le-Roi el 23 de abril de 1464, fue entregada en matrimonio, con tan solo doce años, a su primo Luis, duque de Orleans. Se trató de una unión impuesta y desprovista de afecto, que su esposo nunca aceptó de buen grado. No obstante, cuando Luis se rebeló contra el rey Carlos VIII y se expuso al riesgo de una condena a muerte, fue precisamente Juana quien intervino en su defensa, logrando salvarlo.

Cuando el duque de Orleans accedió al trono con el nombre de Luis XII, trató de inmediato de deshacerse de su esposa para obtener la anulación del matrimonio y poder casarse con Ana de Bretaña. Alcanzado su propósito, concedió a Juana el ducado de Berry, varias ciudades y una considerable renta. Juana se retiró entonces a Bourges, donde optó por una vida sencilla, dedicada a la oración y al auxilio de los más pobres. Su discreción y su constante atención hacia los necesitados le valieron el apelativo afectuoso de «la Buena Duquesa».

Fue precisamente en Bourges donde dio origen a una comunidad de mujeres consagradas bajo la advocación de la Anunciación de la Santísima Virgen María, instituto que llegó a ser conocido como la Orden de la Anunciada. Las reglas fueron redactadas por el fraile menor observante Gabriel Marie Nicolas. La propia Juana ingresó oficialmente en la comunidad el día de Pentecostés de 1504. Falleció poco tiempo después, el 4 de febrero de 1505, y fue sepultada en el mismo lugar donde había fundado la comunidad, cuya memoria permaneció viva y venerada hasta que, en 1562, sus restos fueron destruidos por los hugonotes.

La iconografía que la representa, especialmente la difundida en las iglesias parisinas, acusa de manera notable el gusto romántico e idealizado de los siglos posteriores, alejándose de las descripciones transmitidas por sus contemporáneos.

Aunque ya era considerada santa desde el siglo XVII, tuvo que esperar largo tiempo para el reconocimiento oficial: su canonización fue proclamada únicamente el 28 de mayo de 1950.

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