Seleccione su idioma

15 de enero: San Mauro, Abad

Cuando la obediencia obra milagros

Mauro, hijo del patricio romano Eutiquio, ingresó siendo muy joven en el ámbito monástico cuando su padre lo confió a san Benito, que por entonces estaba dando forma a su experiencia comunitaria en Subiaco. Junto a él fue acogido también Plácido, hijo de otro noble, Tértulo. Ambos muchachos, distinguidos por su docilidad y nobleza de espíritu, se ganaron pronto un afecto especial por parte del fundador del monacato occidental; Mauro, de mayor edad, asumió muy pronto un papel de confianza junto al maestro.

La tradición más antigua, atestiguada con certeza en los Diálogos de san Gregorio Magno, atribuye a Mauro una profunda madurez espiritual. En un episodio de carácter simbólico, se cuenta que supo reconocer la acción del maligno durante la oración comunitaria, al percibir una fuerza invisible que apartaba a un monje de la plegaria. Sin embargo, el acontecimiento que ha fijado para siempre su memoria en la historia de la espiritualidad cristiana es el que está vinculado a la obediencia absoluta.

Un día, san Benito advirtió que Plácido, mientras sacaba agua de un lago, había caído y estaba siendo arrastrado por la corriente. Sin dudarlo, ordenó a Mauro que corriera en su auxilio. El joven monje obedeció de inmediato y, concentrado únicamente en la orden recibida, avanzó más allá de la orilla, tomó al muchacho y lo condujo a salvo. Solo después se dio cuenta de que había caminado sobre el agua sin hundirse, signo de que la fuerza del milagro no residía tanto en el prodigio en sí como en la prontitud de la obediencia.

Todo lo que se narra posteriormente sobre la vida de Mauro —su papel en Montecasino, las curaciones milagrosas, el viaje a Francia, las profecías y las numerosas obras extraordinarias— procede, en cambio, de una biografía tardía y apócrifa, compuesta en el año 863 por el abad Odón de Glanfeuil y atribuida ficticiamente a un discípulo de Benito llamado Fausto. Según este relato no verificable, Mauro habría sido prior en Montecasino, habría realizado numerosos milagros, difundido la Regla benedictina más allá de los Alpes y fundado comunidades monásticas en territorio francés.

Aunque tales narraciones no encuentran confirmación histórica, ejercieron una notable influencia en el culto del santo: el monasterio de Glanfeuil tomó el nombre de Saint-Maur-sur-Loire y, muchos siglos después, en Francia nació la célebre Congregación de los Maurinos (1618), que se reclamaba idealmente de su figura. La devoción a san Mauro se difundió sobre todo gracias a los cluniacenses y arraigó de manera particular en el sur de Italia. Más allá de las leyendas posteriores, su figura permanece indisolublemente ligada a la enseñanza de san Benito: la obediencia vivida como vía privilegiada de la fe.

Tagged under: santo del día San Mauro

Seleccione su idioma