Cuando la obediencia obra milagros
Mauro, hijo del patricio romano Eutiquio, ingresó siendo muy joven en el ámbito monástico cuando su padre lo confió a san Benito, que por entonces estaba dando forma a su experiencia comunitaria en Subiaco. Junto a él fue acogido también Plácido, hijo de otro noble, Tértulo. Ambos muchachos, distinguidos por su docilidad y nobleza de espíritu, se ganaron pronto un afecto especial por parte del fundador del monacato occidental; Mauro, de mayor edad, asumió muy pronto un papel de confianza junto al maestro.