16 de enero: San Marcelo I, Papa
Pastor íntegro
La memoria del papa Marcelo I, recordado por el Martirologio Romano el 16 de enero, pertenece a una de las etapas más complejas de la historia de la Iglesia antigua. Las fuentes que lo mencionan son escasas y a menudo discordantes, hasta el punto de que su figura emerge más por fragmentos que por una narración lineal. Se sabe con certeza que fue obispo de Roma a comienzos del siglo IV, que su pontificado fue breve y que fue sepultado a lo largo de la vía Salaria, en el cementerio de Priscila, tras una muerte acaecida lejos de la ciudad.
Según el Catálogo Liberiano, Marcelo era romano de nacimiento y fue elegido Papa hacia el año 308, durante el gobierno del emperador Majencio. En el momento de su elección encontró una comunidad profundamente marcada por las consecuencias de la gran persecución: edificios de culto confiscados, cementerios sustraídos a la Iglesia, actividades litúrgicas desorganizadas y, sobre todo, fuertes tensiones internas. Muchos cristianos que habían renegado de la fe bajo la amenaza de las persecuciones pretendían ahora ser readmitidos sin ningún itinerario penitencial, amparándose en la larga vacancia de la Sede Apostólica.
Marcelo afrontó la situación con determinación. Emprendió una reorganización de la Iglesia romana que la tradición posterior le atribuyó de manera particular. A su nombre se vinculó la división de la ciudad en veinticinco tituli, confiados a presbíteros encargados de la catequesis, de la administración de los sacramentos, de la disciplina penitencial y del cuidado de los lugares de sepultura. Asimismo, se le atribuyó la fundación de un nuevo cementerio en la vía Salaria, llamado de Novella, destinado a acoger las sepulturas de los fieles no mártires.
Los estudiosos modernos consideran que estas reformas pudieron ser el resultado de un proceso más amplio, atribuido retrospectivamente a Marcelo por el Liber Pontificalis.
Su compromiso pastoral chocó, sin embargo, con la cuestión más delicada de la época: la de los lapsi. Marcelo, fiel a la disciplina tradicional, sostuvo con firmeza que el retorno a la comunión eclesial debía pasar por una penitencia sincera. Esta línea rigurosa provocó fuertes reacciones: se formaron grupos hostiles, estallaron disturbios y violencias, hasta el punto de que intervino la autoridad civil. Majencio, atribuyendo al Papa la responsabilidad de los tumultos, lo hizo alejar de Roma y lo condenó al exilio en un lugar que ha permanecido desconocido.
Una epigrafía compuesta posteriormente por el papa Dámaso I presenta a Marcelo como un pastor inflexible, convertido en objeto de odio precisamente por haber recordado a los fieles la necesidad de la conversión. Su pontificado no habría durado más de un año y medio.
Junto a esta reconstrucción histórica circula otra de carácter hagiográfico, transmitida por una Passio del siglo V. Según este relato, el emperador Majencio habría exigido a Marcelo que renegara de su dignidad episcopal y ofreciera sacrificios a los dioses paganos. Ante la negativa del Papa, este habría sido condenado a trabajos humillantes en una estación de postas imperial, donde cuidaría caballos como un esclavo. Liberado temporalmente, habría sido nuevamente arrestado por haber consagrado una casa privada como lugar de culto y, finalmente, habría muerto tras nuevas fatigas y privaciones. Esta versión parece querer explicar el origen del título de san Marcelo in catabulo, del que deriva el patronazgo del santo sobre los mozos de cuadra y los criadores de caballos.
Sea cual fuere la reconstrucción más cercana a la realidad, Marcelo fue pronto venerado como mártir, no tanto por una muerte violenta cuanto por los sufrimientos padecidos a causa de su fidelidad al ministerio pastoral. Sus restos fueron trasladados de nuevo a Roma y depositados en el cementerio de Priscila; hoy se conservan en la iglesia de San Marcelo al Corso, en una antigua urna de basalto verde.
