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19 de enero: Santos Mario, Marta, Audiface y Abaco, mártires

Testigos de Cristo hasta el sacrificio de la vida

Los Santos Mario, Marta, Audiface y Abaco son recordados por la Iglesia católica como mártires de los primeros siglos del cristianismo, y su memoria litúrgica se celebra el 19 de enero. La información que se conserva sobre ellos es escasa y fragmentaria y procede principalmente de antiguos textos hagiográficos, en particular de una Passio de época tardoantigua, reelaborada en los siglos posteriores con fines edificantes.

Según la tradición más difundida, Mario —a veces mencionado también como Maris— llegó a Roma junto con Marta y dos jóvenes, Audiface y Abaco, identificados como sus hijos. Las fuentes más antiguas los presentan como una familia, aunque los estudios modernos no excluyen que se tratara más bien de un grupo de cristianos estrechamente vinculados entre sí, como sucede con frecuencia en los relatos hagiográficos de los primeros siglos.

El grupo se habría establecido en las cercanías de Roma, a lo largo de la vía Cornelia, en un área correspondiente a la villa imperial de Lorium, donde vivían y trabajaban numerosos cristianos. Allí, Mario y los suyos se distinguieron por un gesto de gran valentía: la sepultura de los cuerpos de numerosos fieles asesinados a causa de su fe y abandonados sin honor en el campo. Este acto de piedad cristiana los hizo sospechosos ante las autoridades.

Descubiertos mientras rendían homenaje a los mártires, fueron arrestados y sometidos a interrogatorio. A los acusados se les exigió realizar un acto de culto pagano como signo de sumisión a la autoridad imperial.

Su negativa los condenó a muerte. Los hombres fueron ejecutados a lo largo de la vía Cornelia, mientras que Marta sufrió el martirio poco más lejos, en las proximidades de una masa de agua. La datación exacta de estos hechos permanece incierta: hoy se tiende a situarlos a comienzos del siglo IV, probablemente en el contexto de las persecuciones impulsadas por Diocleciano (303-311), aunque en el pasado se había propuesto una cronología anterior.

Una matrona cristiana llamada Felicidad se habría encargado de darles sepultura en una propiedad suya, también situada a lo largo de la vía Cornelia, en el decimotercer miliario de Roma. En ese lugar surgió pronto un edificio de culto, destino de peregrinaciones ya en la Alta Edad Media. Los restos de esta antigua iglesia son aún visibles en la zona hoy conocida como Tenuta Boccea. Con el paso de los siglos y el aumento de la población, se edificó una nueva iglesia, inaugurada en 1789 por voluntad de Pío VI.

Las reliquias de los mártires conocieron a lo largo del tiempo diversas traslaciones: una parte fue llevada a algunas iglesias de Roma, como San Adriano y Santa Práxedes, mientras que otras fueron enviadas en el siglo IX a tierras germánicas, donde Eginardo, biógrafo de Carlomagno, las depositó en el monasterio de Seligenstadt. En la actualidad, los cuerpos de Mario y Marta se conservan en una única urna bajo el altar mayor de la iglesia de San Giovanni Calibita, en la isla Tiberina.

La versión más popular de su historia fue difundida de nuevo en la Edad Moderna a través de un relato muy divulgado en el siglo XIX, conocido sobre todo gracias a Don

Bosco, quien retomó materiales más antiguos conservados en los Acta Sanctorum. Estos textos, aun mezclando elementos históricos y legendarios, preservaron la memoria de un grupo de cristianos martirizados en la zona noroccidental de Roma y contribuyeron de manera decisiva a la difusión de su culto.

Con el paso del tiempo, Mario y Marta han sido invocados como protectores de la familia, hasta el punto de ser recordados también en las Letanías de los Santos en el rito del matrimonio.

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