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Entrevista al ingeniero Luigi Salimbeni, Subdirector de la Dirección de Telecomunicaciones y Sistemas Informáticos

La participación de la Delegación de la Gobernación en la WTDC-25

Una Delegación de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano participó en la World Telecommunication Development Conference (WTDC-25), celebrada en Bakú, Azerbaiyán, del 17 al 29 de noviembre de 2025.

Promovida por la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) —de la que forma parte el Estado de la Ciudad del Vaticano—, agencia de las Naciones Unidas para las telecomunicaciones, la Conferencia tuvo como lema «Universal, meaningful, and affordable connectivity for an inclusive and sustainable digital future». En esta entrevista concedida a www.vaticanstate.va, el ingeniero Luigi Salimbeni, Subdirector de la Dirección de Telecomunicaciones y Sistemas Informáticos, traza un balance del encuentro.

 
El Estado de la Ciudad del Vaticano ha participado recientemente en la Conferencia Mundial de Desarrollo de las Telecomunicaciones de la UIT, la WTDC-25. ¿Cuáles son las especificidades de esta conferencia?

 

De los tres sectores de la UIT, el sector Development, es decir, el del desarrollo de las telecomunicaciones, es el más «joven»: mientras que las actividades relativas a la normalización y a las radiocomunicaciones han formado parte desde siempre de los compromisos principales de la UIT, desde su fundación, solo a finales del siglo pasado se hizo evidente para todos los Estados miembros que no solo las telecomunicaciones constituían una savia tecnológica vital para el progreso mundial, sino que dicha savia debía necesariamente circular por todas las regiones del mundo, para garantizar a todos los pueblos el progreso tecnológico y el bienestar.
La concepción predominante hasta los años setenta del siglo XX situaba a los países tecnológicamente más avanzados en una posición que hoy podríamos definir como de neocolonialismo tecnológico en el ámbito de las telecomunicaciones: los países menos industrializados permanecían incapaces de construir de manera autónoma sus propias infraestructuras de telecomunicación y dependían de la tecnología desarrollada en los países avanzados; todo el trabajo realizado en el ámbito de la UIT quedaba, de hecho, en beneficio de unos pocos.

Una primera y embrionaria Conferencia sobre el Desarrollo de las Telecomunicaciones se celebró en 1985 en Arusha, Tanzania. En 1989, durante la Conferencia de Plenipotenciarios de Niza, en la que participó por el Estado de la Ciudad del Vaticano el padre Antonio Stefanizzi —que había sido Director Técnico de Radio Vaticana y que en aquel momento era consultor técnico del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales—, se creó una oficina específicamente dedicada al desarrollo de las telecomunicaciones, encargada de promover la participación activa de los países en vías de desarrollo en las tecnologías de la comunicación.

Tres años más tarde, en la Conferencia de Plenipotenciarios de 1992 en Ginebra, en la que la Ciudad del Vaticano estuvo representada por el padre Eugenio Matis y el ingeniero Pier Vincenzo Giudici, la estructura de la UIT fue profundamente reformada, adoptando una configuración similar a la actual: el desarrollo de las telecomunicaciones se confió a un sector específico, la UIT-D, que operaba junto a los otros dos sectores «tradicionales», la UIT-R para las radiocomunicaciones y la UIT-T para la normalización.

La primera «verdadera» Conferencia Mundial de Desarrollo de las Telecomunicaciones se celebró en Buenos Aires en 1994, y en ella se delinearon las primeras iniciativas orientadas principalmente a ofrecer apoyo y formación a los países en vías de desarrollo, con el objetivo de capacitarlos para adoptar enfoques más modernos en el ámbito de las telecomunicaciones, tanto desde el punto de vista técnico como regulatorio y normativo. Las conferencias que se han sucedido desde entonces, aproximadamente cada cuatro años, han perseguido siempre el objetivo de reducir y, cuando es posible, eliminar las diferencias entre los países desarrollados y los países en vías de desarrollo en el ámbito de las telecomunicaciones.

 

La cuestión de las diferencias entre países desarrollados y países en vías de desarrollo es un tema debatido desde hace muchas décadas: ¿no corren las WTDC, convocadas cada cuatro años, el riesgo de repetir siempre las mismas buenas intenciones?

 

Este riesgo está siempre presente, pero es necesario tener en cuenta una consideración fundamental: el progreso tecnológico pone continuamente de manifiesto nuevos ámbitos en los que estas diferencias se manifiestan. Si hace cuarenta años las barreras que impedían el uso y la implantación de las tecnologías de telecomunicación en algunos países eran de carácter puramente económico y afectaban de manera sistémica a toda la población, hoy existen factores que, incluso dentro de países en los que las infraestructuras de telecomunicaciones han alcanzado un cierto grado de desarrollo, obstaculizan a sectores específicos de la población, como por ejemplo las mujeres o las minorías étnicas: franjas sociales que, por falta de formación o por otros motivos, también culturales, no utilizan de hecho las herramientas informáticas para acceder a informaciones y servicios disponibles para otras personas dentro de la misma nación.

En ocasiones, la barrera está constituida por la ausencia en la red de contenidos interesantes o utilizables para determinados grupos de personas. Estamos acostumbrados a ver a los adolescentes de nuestras ciudades permanentemente adheridos a sus dispositivos móviles para comunicarse o ver vídeos, pero basta imaginar cómo sería el entorno si los contenidos en las redes sociales, por una razón u otra, estuvieran disponibles únicamente en lengua tamil, o si los temas tratados se limitaran a las enfermedades tropicales o al cultivo del maíz: este es un ejemplo típico en el que el obstáculo al uso de las telecomunicaciones no es de naturaleza tecnológica, pero no por ello resulta menos perjudicial para el disfrute de los beneficios que, en cambio, todos podrían obtener.
Los temas tratados en estas conferencias, por tanto, evolucionan, porque evolucionan también los obstáculos al disfrute de los beneficios de las telecomunicaciones.

 

¿Cuáles han sido, entonces, los temas abordados en esta conferencia?

 

Se ha intentado poner el acento en los obstáculos que, en el contexto histórico actual, frenan el uso de las tecnologías de la información y la comunicación. Por ejemplo, se han subrayado de manera significativa las diferencias que en muchas áreas del mundo existen entre las zonas urbanas y densamente pobladas —donde, incluso en los países en vías de desarrollo, las infraestructuras y los servicios de telecomunicación suelen ser suficientes— y las áreas de baja densidad de población, como las zonas rurales o las islas, donde la ausencia de una base amplia de usuarios frena las inversiones por parte de los operadores de telecomunicaciones y donde, en consecuencia, los servicios son prácticamente inexistentes.

Esto no significa que las diferencias de capacidad tecnológica entre los países ya hayan sido superadas o se hayan vuelto irrelevantes: el tema de una de las cuatro nuevas resoluciones adoptadas por la Conferencia se refiere precisamente al uso de la Inteligencia Artificial para mejorar y hacer más eficientes las telecomunicaciones. En efecto, la Inteligencia Artificial contribuye a mejorar la eficiencia energética de los dispositivos de telecomunicación, adaptando la potencia de transmisión de las estaciones a las condiciones ambientales reales —ruido, interferencias, otras fuentes—; además, permite utilizar de manera más eficiente el espectro radioeléctrico, ya que un servicio de telecomunicaciones puede identificar las bandas de frecuencia menos utilizadas por otros servicios en un determinado lugar y momento, y emplearlas cuando sea necesario, sin tener que solicitar necesariamente la atribución exclusiva de una banda.

Existen sistemas radioeléctricos que pueden comunicarse, gracias a la Inteligencia Artificial, aprovechando las breves pausas de transmisión de otras comunicaciones o incluso los intervalos de frecuencias radioeléctricas que se dejan entre las bandas asignadas a otros servicios de comunicación para evitar interferencias. Resulta evidente, por tanto, que quienes se encuentran más avanzados en la implementación de tecnologías de IA logran también situarse a la vanguardia en las tecnologías de telecomunicación. En consecuencia, impulsar la formación y el intercambio de información sobre la aplicación de la Inteligencia Artificial en el ámbito de las telecomunicaciones contribuye a que todos los países puedan aprovecharla del mejor modo posible.

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