En diálogo con dos carteros del Servicio de Correos y Filatelia de la Gobernación
Cuando el destinatario de la correspondencia es el Papa
Responsabilidad, reserva, discreción. Estos son los elementos imprescindibles cuando se trata de entregar la correspondencia al Papa, a los distintos Dicasterios de la Curia Romana y a las oficinas de la Gobernación. Estas son las cualidades de quienes están encargados cada día de distribuir el correo en el Vaticano.
Hablan de ello en esta entrevista Valentino Nardocci y Andrea Antognetti, el más veterano y el más joven de los carteros del Servicio de Correos y Filatelia de la Dirección de Telecomunicaciones y Sistemas Informáticos de la Gobernación.
¿Cómo es una jornada tipo cuando realizan la entrega de correspondencia en el Vaticano?
Nuestra jornada laboral comienza a las 7:00 de la mañana con la clasificación de los periódicos y del correo recibido la tarde anterior que ha quedado en depósito. Una vez concluida esta fase, nos dedicamos a la preparación de la correspondencia destinada a los Dicasterios situados en las zonas extraterritoriales atendidas por el Correo Vaticano; al término de esta tarea, dos carteros salen para efectuar las entregas externas. Mientras tanto, los carteros que permanecen en la sede se ocupan de la revisión del correo y de la preparación de las entregas internas.
Dentro del territorio de la Ciudad del Vaticano desarrollamos nuestro trabajo siguiendo tres recorridos distintos, cada uno organizado en función de la zona de competencia. Están previstas dos salidas diarias. Durante los tiempos de espera permanecemos a disposición del jefe de turno para atender otras tareas, como la entrega de paquetes, el escaneo de mercancías o la gestión del servicio de lista de correos.
Tras el regreso de la segunda salida, esperamos la llegada del correo italiano y clasificamos la correspondencia destinada a los Dicasterios que debe distribuirse en el turno de la tarde. El primer turno concluye a las 13:00, mientras que el turno vespertino cubre la franja horaria de 12:00 a 18:00.
¿Cuáles son las principales dificultades logísticas?
El mayor desafío afecta sobre todo a las entregas en los Dicasterios externos, debido a la incertidumbre del tráfico, ya que algunas oficinas se encuentran en el centro de la ciudad. No obstante, también el servicio interno puede presentar ciertas complejidades: las recepciones oficiales, las visitas al Santo Padre u otras personalidades conllevan con frecuencia modificaciones imprevistas, esperas o desvíos de los recorridos indicados por la Gendarmería y por la Guardia Suiza Pontificia.
¿Tienen acceso a lugares normalmente cerrados al público?
Por lo general, sí. El uniforme y la credencial de identificación nos permiten acceder a determinados lugares que habitualmente no están abiertos al público. Sin embargo, el acceso nunca es automático y depende siempre de las disposiciones de seguridad vigentes en cada momento.
¿Hasta qué punto es riguroso el protocolo de seguridad?
El control dentro del Vaticano es muy estricto. Aunque con el paso de los años los rostros se vuelvan familiares, las inspecciones son siempre atentas y minuciosas, y sigue siendo obligatorio llevar la credencial de identificación a mano, lista para ser mostrada.
¿Existen normas particulares que deban respetarse durante las entregas?
La norma fundamental es la confidencialidad. El correo es privado y debe ser tratado con la máxima atención. Por este motivo, gran parte de la correspondencia se introduce en sacas postales cerradas, bajo nuestra estricta custodia, garantizando seguridad y discreción en cada fase de la entrega.
¿Les ocurre entregar cartas dirigidas directamente al Papa?
Sí, y no es infrecuente. Aproximadamente el 70 % de la correspondencia está dirigida al Santo Padre, lo que exige un nivel de atención particularmente elevado.
¿Existen procedimientos especiales para el correo “sensible” u oficial?
Sí, existen procedimientos bien definidos para toda la correspondencia destinada a las más altas autoridades del Vaticano. Se trata de comunicaciones que requieren la máxima atención y que se tratan con criterios adicionales de seguridad, confidencialidad y respeto absoluto hacia los destinatarios. Cada una de estas fases está regulada por protocolos estrictos.
Nuestra tarea consiste en custodiar y acompañar estos mensajes, conscientes de que no se trata únicamente de simples documentos.
¿Observan picos de correspondencia en determinados periodos?
Sin duda. En los periodos de Navidad y de Pascua, por ejemplo, se registra un aumento significativo de la correspondencia, tanto por el envío de cartas y mensajes de felicitación como por la remisión de bienes. También pueden producirse incrementos a lo largo del año con ocasión de eventos particulares o efemérides relevantes, como celebraciones, nombramientos o cumpleaños.
Un caso emblemático fue el del Año Jubilar recientemente concluido, durante el cual el aumento de fieles procedentes de todas partes del mundo provocó un crecimiento considerable del correo dirigido al Santo Padre y a las Instituciones Vaticanas.
Es sobre todo en esos momentos cuando la correspondencia se convierte en una manifestación tangible de participación y cercanía espiritual hacia la Iglesia, otorgando a nuestro servicio un valor aún más intenso y profundo.
¿Qué importancia reviste su servicio para el funcionamiento del Estado más pequeño del mundo?
El servicio postal del Vaticano desempeña un papel esencial en el funcionamiento del Estado de la Ciudad del Vaticano. Aunque se trate del Estado más pequeño del mundo, el Vaticano es sede de la Curia Romana, corazón palpitante al servicio de la Iglesia universal. En este contexto de singular relevancia institucional, es necesario garantizar conexiones constantes y fiables, que van mucho más allá de la mera función logística. El servicio postal se configura así como un auténtico instrumento de comunión que sostiene cotidianamente la misión de la Santa Sede.
¿Se sienten “carteros como los demás” o un poco embajadores?
Si bien desempeñamos un trabajo similar al de tantos colegas, la interacción cotidiana con nuestra particular clientela nos lleva a percibir nuestro papel como algo que trasciende el del simple repartidor. Fuera de los muros vaticanos representamos a una institución, una responsabilidad que nos hace profundamente conscientes de las obligaciones que acompañan nuestro trabajo y de la imagen que transmitimos.
¿Qué significa para ustedes trabajar en un lugar tan simbólico?
Trabajar en el Vaticano significa desempeñar cada día nuestra labor en el corazón palpitante de la cristiandad, un lugar único donde la fe y la historia se encuentran.
Formar parte de esta realidad representa para nosotros un don precioso, además de una oportunidad única de crecimiento, tanto humano como espiritual, que nos impulsa al respeto y a la plena conciencia del profundo valor de aquello que custodiamos. En nuestra modesta medida, sentimos que contribuimos a la misión de la Iglesia, y el enriquecimiento interior que de ello se deriva se convierte en una gracia que acompaña no solo a nosotros, sino también a nuestras familias.
