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En Moncalieri concluyó el Año dedicado al Padre Francesco Denza

Llamado por León XIII a dirigir la Specola Vaticana

El Año Denziano concluyó con un solemne simposio celebrado en Moncalieri, que arrojó nueva luz sobre la extraordinaria herencia del padre Francesco Denza, figura capaz de encarnar una síntesis ejemplar entre sacerdocio, educación e investigación científica de vanguardia.

Nacido en Nápoles en 1834, Denza manifestó un talento precoz al licenciarse en ingeniería con tan solo dieciséis años, para luego consagrar su vida a los Clérigos Regulares de San Pablo y trasladarse en 1856 al Real Colegio Carlo Alberto de Moncalieri. En esta institución desarrolló su labor durante treinta y cinco años, obteniendo los títulos en matemáticas y física y transformando el colegio en una auténtica cantera de la clase dirigente del Reino de Italia, aunando el rigor académico con un carisma educativo que lo convirtió en un referente para sus alumnos y para los grandes “santos sociales” de Turín, como el beato Francesco Faà di Bruno.

El punto de inflexión de su madurez científica coincidió con el encargo recibido en 1891 por el papa León XIII, quien lo llamó a dirigir la refundada Specola Vaticana. Durante el simposio, el padre Gabriele Gionti, S. J., subdirector de la Specola, ilustró la labor monumental de Denza para devolver la astronomía pontificia a los más altos niveles internacionales, subrayando el sólido vínculo científico con el jesuita padre Angelo Secchi y la voluntad de desmentir todo prejuicio de oscurantismo atribuido a la Iglesia mediante una investigación de excelencia. Esta misión romana no interrumpió, sin embargo, su compromiso con el territorio: el profesor Luca Mercalli, su sucesor en la presidencia de la Sociedad Meteorológica Italiana, recordó la extraordinaria empresa de conectar más de 250 observatorios meteorológicos, muchos de ellos situados en zonas alpinas de difícil acceso y confiados al cuidado de los párrocos locales, dando prueba de una visión pionera de la climatología y del seguimiento ambiental.

La doctora Daniela Berta, directora del Museo Nacional de la Montaña, puso de relieve cómo el amor de Denza por las cumbres, compartido con el Club Alpino Italiano y la Casa de Saboya, era vivido como un camino de elevación espiritual. Paralelamente, el padre Mario Zardi, superior de los barnabitas de Moncalieri, delineó el vínculo de Denza con el Santuario de Pompeya y la profunda amistad con san Bartolo Longo, con quien instituyó una “Fiesta de la Ciencia” que durante décadas atrajo a los más ilustres científicos católicos de la época. Este espíritu de divulgador incansable y realizador de intuiciones proféticas —que abarcaron desde el magnetismo terrestre hasta los terremotos y la electricidad atmosférica— fue celebrado también mediante la recuperación de los versos emocionados del antiguo alumno Aleramo Pallavicini, quien escribió:

«Entre tantos nombres muy queridos debo escribir / aquel que pertenece a una celebridad: un nombre para todos nosotros, lleno de atractivo,
y para mí, de bellos recuerdos de intimidad: /padre Francesco Denza, en definitiva,
era un gran científico, indiscutido./ Meteorólogo, astrónomo de talla mundial,
habrá visto sin duda más de medio mundo,/ llevando su actividad excepcional,
su experiencia y su vasta cultura;/ Presidente de sociedades…, de mil congresos,
todo por la Ciencia y por su progreso…»

El Año Denziano no pretende ser una conmemoración estéril, sino un compromiso con el futuro. Se encuentra en fase de constitución un comité científico que cada año animará una “Jornada Denziana” dedicada a los temas de la meteorología y del cuidado de la creación. Se retoma con valentía a partir de las palabras pronunciadas recientemente por León XIV durante su visita a la Specola Vaticana: “no dudéis en compartir la alegría y el asombro nacidos de vuestra contemplación de las “semillas” que, con palabras de san Agustín, Dios ha esparcido en la armonía del universo”.

 

Giancarlo Chiappello y p. Gabriele Gionti, S. J.

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