Primer aniversario de la elección del Papa León XIV a la Cátedra de Pedro 8 de mayo de 2026
El Rosario por la paz en el mundo
“Hoy es el día de la Súplica a la Virgen de Pompeya. Nuestra Madre María quiere caminar siempre con nosotros, estar cerca de nosotros y ayudarnos con su intercesión y su amor. Por ello, quisiera rezar junto a vosotros. Recemos juntos por esta nueva misión, por toda la Iglesia y por la paz en el mundo, y pidamos esta gracia especial a María, nuestra Madre, Ave María”.
Así se expresó el Papa León XIV el día de su elección a la Cátedra de Pedro, el jueves 8 de mayo de 2025, al asomarse a la Logia Exterior de las Bendiciones de la Basílica Vaticana para saludar al pueblo e impartir la Bendición Apostólica Urbi et Orbi.
Un año después de su elección, el Papa León XIV ha querido conmemorar este aniversario en el Pontificio Santuario de la Bienaventurada Virgen María del Santo Rosario de Pompeya. Como peregrino de la paz, ante la imagen de la Virgen, recita la Súplica, la oración compuesta por san Bartolo Longo, fundador del Santuario.
Paz y Rosario: un binomio indisoluble para el Papa. La paz debe ser implorada mediante la oración a María y promovida y buscada tanto a nivel personal como comunitario. A este respecto, en el atrio de la Basílica, antes del inicio de la Vigilia de oración del Santo Rosario para implorar el don de la paz, el pasado sábado 11 de abril por la noche, León XIV dirigió un saludo a los fieles presentes:
“Ahora, unidos en la oración del Santo Rosario, pidiendo la intercesión de nuestra Madre María, queremos decir al mundo entero que es posible construir la paz, una paz nueva; que es posible vivir juntos con todos los pueblos, de todas las religiones y de todas las razas; que queremos ser discípulos de Jesucristo unidos como hermanos y hermanas, unidos todos en un mundo de paz”.
En su reflexión durante la Vigilia, el Pontífice invitó a todos, sin excepción, a comprometerse en favor de la paz, cada uno según sus propias responsabilidades:
“Ciertamente existen responsabilidades ineludibles por parte de los gobernantes de las naciones. A ellos les gritamos: ¡deteneos! ¡Es el tiempo de la paz! Sentaos a las mesas del diálogo y de la mediación, no a las mesas donde se planifica el rearme y se deciden acciones de muerte. Existe, sin embargo, una responsabilidad no menor de todos nosotros, hombres y mujeres de muchos países diferentes: una inmensa multitud que repudia la guerra con hechos y no solo con palabras”.
De ahí surge la llamada a la conversión para construir “un Reino de paz que se edifica día tras día”, no mediante la polémica, sino a través de la amistad y de la cultura del encuentro.
También durante el Regina Caeli del pasado domingo 3 de mayo, el Papa invitó a rezar el Rosario con dos intenciones: la comunión en la Iglesia y la paz en el mundo,
“Ha comenzado el mes de mayo: en toda la Iglesia se renueva la alegría de reunirse en el nombre de María, nuestra Madre, especialmente para rezar juntos el Rosario. Se revive la experiencia de aquellos días, entre la Ascensión de Jesús y Pentecostés, cuando los discípulos se reunían en el Cenáculo para invocar al Espíritu Santo, María Santísima estaba en medio de ellos y su corazón custodiaba el fuego que animaba la oración de todos. Os confío mis intenciones, especialmente por la comunión en la Iglesia y por la paz en el mundo”.
Ante una situación internacional marcada por los conflictos, el Papa, durante la visita pastoral a la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Ponte Mammolo (Roma), el pasado domingo 15 de marzo, subrayó cómo se recurre con demasiada facilidad a la guerra para resolver los problemas,
“Actualmente, muchos de nuestros hermanos y hermanas en el mundo sufren a causa de conflictos violentos, provocados por la absurda pretensión de resolver los problemas y las divergencias mediante la guerra, cuando lo que se necesita es dialogar sin descanso por la paz. Algunos incluso pretenden involucrar el nombre de Dios en estas decisiones de muerte, pero Dios no puede ser enrolado por las tinieblas. Él viene siempre a ofrecer luz, esperanza y paz a la humanidad, y es la paz lo que deben buscar quienes lo invocan”.
La paz constituye una de las señas de identidad de este pontificado, un elemento esencial y recurrente del Magisterio del Papa. De hecho, las primeras palabras que dirigió a los fieles desde la Logia Exterior de las Bendiciones de la Basílica Vaticana, inmediatamente después de su elección, estuvieron marcadas por la paz, siguiendo el saludo de Cristo Resucitado:
“¡La paz esté con todos vosotros! Queridísimos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo Resucitado, el Buen Pastor que dio la vida por el rebaño de Dios. También yo deseo que este saludo de paz entre en vuestro corazón, llegue a vuestras familias, a todas las personas, dondequiera que se encuentren, a todos los pueblos y a toda la tierra. ¡La paz esté con vosotros! Esta es la paz de Cristo Resucitado: una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, de Dios que nos ama a todos incondicionalmente”.
