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Sobre la Pasión del Señor en la Parasceve

En cada detalle de su pasión Cristo quiso significar algo

1. Con solemnidad se lee, con solemnidad se celebra la pasión de aquel con cuya sangre han sido borrados nuestros pecados, para que, con la devota recurrencia anual, se renueve su memoria con mayor gozo y también, por la mayor afluencia de gente, nuestra fe sea iluminada con mayor claridad.

Por eso, la misma solemnidad requiere que os dirijamos una exhortación sobre la pasión del Señor, tal como Él mismo nos lo sugerirá. Además, para nuestra salvación y para que pasemos fructuosamente esta vida, nuestro Señor, en aquello que padeció de parte de sus enemigos, se dignó ofrecernos un ejemplo de paciencia, a fin de que, si es su voluntad, no nos neguemos a soportar algo por el testimonio del Evangelio. Y puesto que también en su carne mortal nada padeció por necesidad, sino todo por propia elección, es justo pensar que, en cada uno de los acontecimientos que tuvieron lugar y que han sido escritos respecto a su pasión, quiso significar algo.

Cristo lleva su cruz

2. Ante todo, en el hecho de que, entregado para ser crucificado, Él mismo llevó su propia cruz, dio una lección de dominio y mostró, precediéndonos, qué debe hacer quien quiere seguirle. Lo cual también recomendó con palabras, diciendo: Quien me ama, tome su cruz y me siga. En cierto sentido, toma su cruz quien sabe dominar su propia parte mortal.

El Calvario

3. En el hecho de ser crucificado en el lugar del Cráneo quiso significar que con su pasión se obtiene la remisión de todos los pecados, de los cuales se dice en el Salmo: Se han multiplicado mis iniquidades más que los cabellos de mi cabeza.

Los dos ladrones

4. Con aquellos dos crucificados a sus lados muestra que algunos sufren a su derecha y otros a su izquierda. De los que están a su derecha se dice: Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia». De los de la izquierda se dice: «Aunque entregara mi cuerpo para ser quemado, si no tengo caridad, nada me aprovecha.

El título

5. El título colocado sobre su cruz, con la inscripción: Rey de los judíos, está ahí para mostrar que, aun dándole muerte, no pudieron evitar tenerlo por rey, a Él que manifiestamente, con poder supremo, dará a cada uno según sus obras. Por eso en el Salmo se canta: Yo he sido constituido por Él rey sobre Sión, su monte santo.

Escrito en tres lenguas

6. El hecho de que el título estuviera escrito en tres lenguas, hebreo, griego y latín, muestra que Él sería rey no solo de los judíos, sino también de los gentiles. Por eso, en ese mismo Salmo, después de haber dicho: Yo he sido constituido rey sobre Sión, su monte santo» (y este reino está indicado con la lengua hebrea), añade enseguida, como dando sentido a la griega y a la latina: «El Señor me ha dicho: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy. Pídeme y te daré en herencia las naciones y en dominio los confines de la tierra.

No es que el griego y el latín sean las únicas lenguas de los gentiles, sino que son las más importantes, el griego por la cultura de las letras y el latín por el poder de los romanos. Pero, aunque en esas tres lenguas se indica que todas las gentes quedarían sometidas a Cristo, sin embargo no se escribió también Rey de los gentiles, sino solamente de los judíos; y esto para exaltar, con la precisión del nombre, su raza de origen.

Ya había sido dicho: De Sión saldrá la ley y de Jerusalén la palabra del Señor». En realidad, aquellos que en un Salmo dicen: «Él nos sometió los pueblos, puso las naciones bajo nuestros pies», ¿quiénes son sino aquellos de quienes el Apóstol dice: Habiendo participado los gentiles de sus bienes espirituales, están en deuda de ayudarles en las necesidades materiales?

Rey de los judíos pero también de los gentiles

7. Con lo que recomendaron a Pilato los príncipes de los judíos, que no escribiera en absoluto que era el rey de los judíos, sino que Él había dicho ser rey de los judíos, Pilato era figura del olivo silvestre que debía ser injertado en aquellas ramas desgajadas. Pilato, en efecto, provenía de los gentiles y escribía la confesión de los gentiles, respecto de los cuales el mismo Señor había dicho: Se os quitará el reino y será dado a un pueblo que dé fruto.

No por eso deja de ser Él rey de los judíos. Quien sostiene el olivo silvestre es la raíz, no al contrario. Y aunque aquellas ramas, por su infidelidad, hayan sido desgajadas, no por ello Dios ha rechazado a su pueblo, cuyo destino conoce de antemano. «También yo, dice el Apóstol, soy israelita».

Y aunque los hijos del reino, que no quisieron que el Hijo de Dios reinase sobre ellos, sean arrojados a las tinieblas, sin embargo muchos vendrán de Oriente y de Occidente y se sentarán a la mesa no con Platón y Cicerón, sino con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos.

Y Pilato escribió precisamente Rey de los judíos y no de los griegos o de los latinos, aunque debía reinar sobre las gentes. Y lo que escribió no lo cambió por la presión de aquellos infieles; ya mucho tiempo antes se había dicho en los Salmos: No alteres la inscripción del título. Todas las gentes creen en el rey de los judíos; Él reina sobre todas las gentes, pero es Rey de los judíos. Tan grande era la fuerza de aquella raíz que podía transformar en su propia naturaleza el olivo silvestre injertado, sin que el olivo silvestre pudiera eliminar el nombre del olivo.

Las vestiduras repartidas

8. Sus vestiduras, divididas en cuatro partes, que tomaron los soldados, indican sus sacramentos que habrían de extenderse por las cuatro partes de la tierra.

La túnica inconsútil

9. Aquella túnica sin costura, tejida de una sola pieza, echada a suertes y no dividida en partes, indica claramente que, aunque los sacramentos visibles, que son también vestiduras de Cristo, puedan ser poseídos por todos, buenos y malos, la fe auténtica, la que por medio de la caridad obra la plenitud de la unidad (porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado), esa no pertenece a cualquiera, sino que es concedida como por suerte según una insondable gracia de Dios.

Por eso a Simón [Mago], que tenía el bautismo pero no tenía esta fe, Pedro le dijo: «No tienes parte ni herencia en esta fe».

La Madre confiada a Juan

10. El hecho de que, estando en la cruz, confió al discípulo predilecto a su querida madre, pone de manifiesto convenientemente su sentimiento humano, mientras, como hombre, se estaba muriendo. Esta hora no había llegado aún cuando, a punto de convertir el agua en vino, dijo a su madre: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Aún no ha llegado mi hora.

De María, en efecto, no había tomado lo que tenía de divino, como de María había tomado lo que ahora pendía en la cruz.

El vinagre dado con la esponja

11. Cuando dijo: Tengo sed, esperaba de los suyos la fe; pero como vino a los suyos y los suyos no lo recibieron, en lugar del alivio de la fe le dieron el vinagre de la incredulidad, y esto con una esponja.

A una esponja se asemejan no los firmes, sino los hinchados; no los abiertos al recto camino de la confesión, sino los cavernosos, llenos de los tortuosos recovecos de las insidias. Y recibió de beber con el hisopo; esta es una planta humilde, y se dice que se adhiere a la piedra con una raíz muy fuerte.

Y entre aquella gente había algunos para quienes este delito estaba destinado a convertirse en ocasión de humillar su alma, arrepintiéndose y renegando. Y Él, al recibir el vinagre con el hisopo, los conocía. Y precisamente por ellos oró, como atestigua otro Evangelista, cuando, colgado de la cruz, exclamó: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.

La muerte con la cabeza inclinada

12. Con las palabras Todo está cumplido, y luego, inclinando la cabeza, expiró, muestra no una necesidad inevitable, sino el poder que tiene sobre su muerte, puesto que espera hasta que todo se cumpla de lo que había sido profetizado acerca de Él.

En efecto, también esto había sido escrito: En mi sed me dieron a beber vinagre. Y muestra que tiene poder para dar su vida, como Él mismo declaró. Y entregó el espíritu con humildad, es decir, con la cabeza inclinada; en la resurrección, en cambio, lo retomará con la cabeza erguida.

Que esta muerte y la inclinación de la cabeza fueran signo de gran poder, lo había anunciado el patriarca Jacob cuando bendijo a Judá, diciendo: Te has levantado, estabas echado, agazapado como un león. Al levantarse alude a la muerte; con el león indica el poder.

Las piernas quebradas a los ladrones, no a Cristo

13.El hecho de que a los otros dos les fueran quebradas las piernas, mientras a Él no, porque ya había muerto, el mismo Evangelio explica por qué sucedió. Era necesario que también con este signo se pusiera de manifiesto la referencia a la Pascua de los judíos prefigurada proféticamente, en la cual estaba prescrito que los huesos del Cordero no fueran quebrados.

La sangre y el agua del costado de Cristo

14. El costado traspasado por la lanza, que derramó sobre la tierra sangre y agua, indica sin duda los sacramentos con los que se forma la Iglesia; así como fue formada Eva del costado de Adán, que dormía, el cual era figura de lo futuro.

Sepultura realizada por José y Nicodemo

15. José y Nicodemo lo sepultan. Según algunos intérpretes de estos nombres, José significa «aumentado», y Nicodemo, nombre griego, es sabido por muchos que está compuesto de victoria y pueblo; en efecto, significa victoria y pueblo.

¿Y quién, en la muerte, ha sido más aumentado que Él, según lo que dijo: Si el grano de trigo no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto? ¿Quién, precisamente con la muerte, venció mejor que Él a aquel pueblo perseguidor, Él que, resucitando, se convertiría en su juez?

(Discurso 218 de San Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia)

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