Entrevista al padre Richard D’Souza, director de la Specola Vaticana
Un nuevo asteroide recibe el nombre de León XIII
La denominación de un nuevo asteroide en honor de León XIII quiere llamar la atención del público sobre el papel desempeñado por el Papa en la refundación de la Specola Vaticana y sobre su interés general por las ciencias.
Este acontecimiento constituye también una ocasión para redescubrir el proceso que conduce a la atribución de un nombre a los nuevos cuerpos celestes que, sucesivamente, van siendo descubiertos. De ello habla en esta entrevista concedida a www.vaticanstate.va el padre Anthony D’Souza, director de la Specola Vaticana.
¿Cuál es el proceso que lleva desde el descubrimiento de un asteroide hasta su denominación oficial?
La asignación de un nombre específico a un determinado planeta menor es el resultado de un largo proceso que puede requerir muchas décadas. Todo comienza con el descubrimiento de un planeta menor o asteroide que no puede ser identificado con ningún objeto ya conocido. A estos planetas menores se les asigna una designación provisional. Las designaciones provisionales se basan en la fecha del descubrimiento y son atribuidas por el Minor Planet Center (MPC) según una fórmula bien definida que incluye el año del descubrimiento, dos letras y, si es necesario, cifras adicionales (por ejemplo, 1989 AC o 2002 LM60).
Cuando la órbita de un planeta menor se determina con suficiente precisión como para permitir prever su posición de manera fiable en un futuro lejano —generalmente después de que el planeta menor haya sido observado en cuatro o más oposiciones—, el planeta menor recibe una designación permanente: un número asignado secuencialmente por el Minor Planet Center, por ejemplo (433), (4179) o (50000).
Cuando un planeta menor recibe un número permanente, se invita al descubridor a proponer un nombre. El descubridor dispone de este privilegio durante un periodo de diez años a partir de la numeración del objeto. El descubridor redacta una breve cita explicando las razones de la elección del nombre, siguiendo las directrices de la UAI.
Todos los nombres propuestos son evaluados por el Grupo de Trabajo para la Nomenclatura de Cuerpos Menores (WGSBN) de la UAI, compuesto por quince astrónomos profesionales de todo el mundo, cuyos intereses de investigación están relacionados con los planetas menores y/o los cometas.
¿Qué papel desempeña la Unión Astronómica Internacional en el proceso de asignación de nombres?
El Grupo de Trabajo de la UAI tiene la tarea de examinar la propuesta de nombre presentada por el descubridor y verificar que respete las directrices establecidas.
¿Cuánto tiempo transcurre normalmente entre el descubrimiento y la posibilidad de proponer un nombre?
Por término medio pueden transcurrir alrededor de diez años desde el descubrimiento del asteroide hasta la atribución de un nombre permanente. Aunque, en algunos casos, puede requerirse mucho más tiempo.
¿Existen directrices específicas para elegir los nombres de los asteroides?
Los nombres no deben superar los 16 caracteres y normalmente se escriben como una sola palabra. Los nombres de los asteroides deben ser pronunciables al menos en una lengua reconocida y no deben resultar ofensivos. El nombre propuesto no puede parecerse demasiado a otro nombre ya existente de un planeta menor o de otro satélite natural planetario. No se admiten nombres de animales domésticos ni de productos comerciales. Tampoco son admisibles los nombres de personas o acontecimientos conocidos principalmente por actividades políticas o militares hasta que hayan transcurrido 100 años desde la muerte de la persona o desde el acontecimiento en cuestión.
¿Los descubridores tienen siempre derecho a proponer un nombre?
Sí, en la mayoría de los casos. Sin embargo, existen directrices más detalladas para determinados planetas menores pertenecientes a ciertos grupos dinámicos. Algunas clases o familias de asteroides cuentan con tradiciones específicas de denominación: los asteroides troyanos de Júpiter, por ejemplo, reciben nombres vinculados a figuras asociadas con la Guerra de Troya, mientras que la familia de los Centauros toma nombres de centauros mitológicos. El Grupo de Trabajo reconoce la necesidad de limitar el número de planetas menores a los que se asigna un nombre y pide a los descubridores individuales y a los equipos de investigación que no propongan más de dos nombres cada dos meses.
¿Puede relatarnos algún ejemplo curioso o significativo relacionado con una denominación?
Una de las denominaciones más curiosas fue la de un asteroide dedicado al gato del descubridor James B. Gibson. El felino, al igual que su homónimo celeste, era descrito como “imperturbable, lógico, inteligente y de orejas puntiagudas”, según un comunicado publicado en septiembre de 1985 por el Minor Planet Center. Actualmente, los animales domésticos están oficialmente desaconsejados como fuente de inspiración para los nombres, pero en aquel caso logró aprobarse.
¿Qué importancia tiene el aspecto cultural en la elección de los nombres?
La cultura desempeña un papel fundamental y cada vez más relevante en la elección de los nombres de los asteroides. Los primeros asteroides fueron denominados según la mitología grecorromana (Ceres, Palas, Juno, Vesta). Con el paso del tiempo, las denominaciones se abrieron a las mitologías nórdica, egipcia, china, maya, hindú y africana, convirtiendo así el sistema solar en un auténtico atlas cultural. Científicos, compositores, escritores y filósofos de todas las civilizaciones han sido homenajeados: existe un asteroide llamado Beethoven, otro Shakespeare, otro Confucio y otro Ibn Battuta.
En las últimas décadas se ha consolidado además una tendencia consciente a incluir nombres procedentes de culturas históricamente infrarrepresentadas: lenguas de pueblos indígenas norteamericanos, tradiciones africanas y culturas oceánicas. Muchos asteroides llevan nombres de ciudades, regiones o pueblos, frecuentemente vinculados a los orígenes del descubridor, reflejando así su identidad cultural.
¿Dar nombre a un asteroide puede contribuir a la divulgación científica?
El interés del público por los objetos astronómicos es enorme. Dedicando un asteroide a una persona se contribuye a atraer la atención pública sobre la aportación de ese individuo a la ciencia o a la sociedad en general. En algunos casos concretos, también ayuda a poner de relieve determinadas leyes científicas descubiertas por esa persona, como las leyes de la gravedad de Einstein o las teorías del padre Georges Lemaître, padre de la teoría del Big Bang.
¿Existen iniciativas para implicar al público o a las escuelas en este proceso?
En realidad, la responsabilidad de asignar un nombre a un asteroide corresponde al descubridor. No tengo conocimiento de iniciativas en las que el público o las escuelas participen en este proceso.
¿Cuál es el nombre de asteroide que considera más fascinante o significativo, y por qué?
Estoy muy orgulloso del nuevo asteroide que acaba de recibir el nombre del Papa León XIII. Esta denominación llama la atención del público sobre el papel desempeñado por el Papa León XIII en la refundación de la Specola Vaticana y sobre su interés general por las ciencias. Fue un Papa muy adelantado a su tiempo, y me alegra que finalmente sea honrado con esta denominación. Dado que era el jefe del Vaticano, hemos tenido que esperar mucho tiempo.
