Las relaciones entre los científicos y la Iglesia no siempre han sido fáciles. Basta recordar que Galileo fue condenado en 1633 por haber defendido el heliocentrismo. Hubo que esperar hasta 1992 para que, en un discurso, Juan Pablo II reconociera oficialmente aquel error que quedó en la historia. Desde entonces, las cosas han cambiado. En el siglo XX, el canónigo belga Georges Lemaître elaboró su famosa teoría del Big Bang. En 1930, el Vaticano abrió su observatorio en Castel Gandolfo. Hoy en día, el Santo Padre se ha convertido en un socio privilegiado en la investigación astronómica. Destino: el cosmos.
Para el año 2025, el Servicio de Correos y Filatelia de la Dirección de Telecomunicaciones y de los Sistemas Informáticos del Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano ha reunido, en un único volumen, todas las emisiones filatélicas junto con los matasellos oficiales adoptados a lo largo del año.
La Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano celebra con alegría el duodécimo aniversario de la elección del Papa Francisco.
Suor Raffaella Petrini, el arzobispo Emilio Nappa y el abogado Giuseppe Puglisi-Alibrandi, respectivamente Presidenta y Secretarios Generales, junto con los Directores, los Jefes de Oficina y los empleados, expresan su profunda gratitud al Santo Padre por estos años de servicio entregado a la Iglesia.
El próximo mes de junio, veinticinco estudiantes procedentes de veintiún países explorarán el universo con el telescopio James Webb, participando en la XIX edición de la Escuela de Verano de Astronomía y Astrofísica del Observatorio Vaticano 2025 (Vatican Observatory Summer School - VOSS), que se llevará a cabo en la sede del Observatorio en las Villas Pontificias de Castel Gandolfo.
En febrero de 2024, recién llegadas al Monasterio Mater Ecclesiae, participábamos por primera vez en una Jornada mundial de la vida consagrada en San Pedro, presidida por el Santo Padre, y compartida con gran cantidad de religiosos y religiosas. Fue una experiencia de verdadera comunión eclesial, que vivimos con honda gratitud en nuestro primer año en el corazón de la Iglesia. Las palabras del Papa, que resonaban en el corazón con una fuerza nueva, nos hicieron tomar mejor conciencia de lo que la Iglesia y el mundo esperan de los consagrados, tanto de los que tenemos en la Iglesia el ministerio de la oración y la entrega cotidiana desde una vida oculta y silenciosa como de los que tienen la altísima misión de llevar el Evangelio a todos los pueblos.
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