Con su vida mostró que la santidad no está reservada únicamente a sacerdotes o religiosos, sino que puede vivirse en cualquier estado, incluso entre los pupitres de una escuela, en el seno de la familia o frente a una pantalla. Supo hablar de Dios a sus coetáneos con el lenguaje de la tecnología, de la pasión y de la amistad. Su coherencia entre fe y vida cotidiana, su disponibilidad para hacer el bien, su fe arraigada en la Eucaristía y en la Virgen María lo convierten en un modelo para los jóvenes de nuestro tiempo.
La memoria del Santísimo Nombre de la Bienaventurada Virgen María nació en España en el siglo XVI y, posteriormente, fue extendida a toda la Iglesia por el Papa Inocencio XI en 1683. El Papa quiso agradecer a la Virgen la victoria sobre el ejército otomano durante el asedio de Viena, obtenida también gracias a la intervención del rey de Polonia, Juan Sobieski. Aquella victoria fue interpretada como un signo de la protección materna de María sobre la cristiandad.
Una vida breve, sencilla, orientada por completo a la unión con Dios a través de la consagración religiosa en la escuela de San Ignacio de Loyola. Un joven alegre, que desde niño deseó servir al Señor de cerca, y que realizó su vocación alcanzando la santidad en pocos años.
Testigo de Cristo hasta el extremo sacrificio de la vida, Santa Lucía es un ejemplo de fidelidad y valentía para quienes se niegan a someterse al poder de turno y a las ideologías dominantes. Es la santa de la luz y la caridad, muy querida por niños y niñas en numerosos países europeos.
Nacido hacia el año 310 en una noble y rica familia pagana de Poitiers, en Aquitania, Hilario recibió una formación cultural acorde con su elevado rango social. Desde temprana edad sintió la necesidad de buscar la verdad y, al concluir su camino intelectual, abrazó el cristianismo. Fue bautizado a los treinta años, tras encontrar en la lectura del Evangelio de Juan la respuesta a sus más profundos interrogantes. En la introducción de su célebre tratado (De Trinitate), describe su experiencia personal y señala las etapas que un pagano recorre para llegar al conocimiento de Dios.
La vida de Cristina de Spoleto cambió radicalmente cuando, hacia mediados del siglo XV, decidió romper con su pasado. A una edad muy temprana, probablemente poco después de 1450, dejó a su familia para recibir el hábito de las Agustinas seculares. Hasta entonces se sabía muy poco de esta joven, llamada Cristina, que deseaba seguir a Cristo sin reservas. Desde ese momento, su existencia estuvo marcada por continuos desplazamientos, sin residencia estable, en una incesante búsqueda de Dios.
San Enrique, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, constituye un modelo de rectitud y justicia en el ejercicio del poder. En una época compleja para la historia del continente europeo, supo vivir los principios del Evangelio en el desempeño de su alta responsabilidad.
Un noble portugués que, renunciando a las riquezas y los honores, optó por ingresar entre los canónigos agustinos. Conmovido más tarde por el testimonio de los cinco protomártires franciscanos, se hizo discípulo del Poverello, poniéndose al servicio de la Palabra mediante la predicación. Es San Antonio de Padua, nacido en Lisboa hacia 1195, en el seno de una familia noble, y bautizado con el nombre de Fernando. Sus primeros años de formación transcurrieron bajo la tutela de los canónigos de la catedral.
Era el 13 de mayo de 1917 cuando la Virgen María se apareció a tres niños: los hermanos Francisco, de 9 años, Jacinta Marto, de 7, y su prima, Lucía dos Santos, de 10. La aparición tuvo lugar en Cova da Iria, una localidad cercana a Fátima, y fue la primera de una serie de encuentros. De hecho, cada día 13 de mes, desde mayo hasta octubre, la Virgen se manifestó a los tres pastorcitos, confiándoles un mensaje.
Artemide Zatti nació en Boretto, en la provincia de Reggio Emilia, el 12 de octubre de 1880. Desde niño hubo de enfrentarse a las asperezas de la vida, hasta el punto de que, con apenas nueve años, trabajaba como jornalero para ganarse el sustento.
San Eduardo el Confesor, venerado patrono de la monarquía inglesa, nació hacia el año 1002 en Islip, cerca de Oxford. Hijo del rey anglosajón Etelredo II y de la normanda Emma, hermana del duque Ricardo II de Normandía, pasó gran parte de su juventud en el exilio en la corte normanda, donde halló refugio tras la invasión danesa de 1013. Permaneció en Normandía durante unos veinticinco años, desarrollando una profunda espiritualidad y un firme apego a la fe cristiana.
“Gloria a Dios en todas las cosas”: con estas palabras, el 14 de septiembre de 407, san Juan Crisóstomo, “Boca de oro”, llamado así por su arte oratorio y su elocuencia, concluyó su peregrinación terrena. Nacido en Antioquía en un año comprendido entre 344 y 354, se dedicó al estudio de la retórica y las letras bajo la dirección del célebre Libanio. Al terminar sus estudios, se sintió fascinado por el mundo y se dedicó al teatro y a los debates. Poco tiempo después, sin embargo, se preparó para recibir el bautismo y lo recibió un domingo de Pascua de un año indeterminado. Posteriormente asistió al Círculo de Diodoro, una especie de seminario donde se podían cursar estudios teológicos. Durante ese período, se interesó por la exégesis de las Sagradas Escrituras y aprendió el método histórico-literario de la escuela de Antioquía. A continuación, pasó seis años viviendo una existencia eremítica, primero en la colina de Silpio, cerca de Antioquía, y después en una cueva en soledad y penitencia.
Discípulo de San Francisco de Asís, consagró toda su vida a la Inmaculada y fue fiel a Cristo hasta el final, ofreciendo su vida para salvar a un condenado a muerte en el campo de exterminio de Auschwitz.
Ejemplo de fidelidad, humildad y testimonio cristiano vivido hasta sus últimas consecuencias, aunque sin el martirio de la sangre. La figura de Félix de Nola nos es conocida casi exclusivamente gracias a los poemas de San Paulino de Nola, quien, entre finales del siglo IV y comienzos del V, puso por escrito tradiciones orales todavía vivas en el territorio nolano. Estos carmina constituyen el testimonio histórico más antiguo sobre la vida del santo, cuya memoria permaneció profundamente arraigada en el cristianismo del sur de Italia.
Son famosos por ser los evangelizadores de los pueblos eslavos, para los cuales crearon un alfabeto cercano y comprensible para una gran parte de la población, con el fin de transmitirles el conocimiento de las Escrituras. Se trata de Cirilo y Metodio, dos hermanos de Tesalónica, la actual Salónica, en Grecia, que en aquel entonces formaba parte del Imperio Bizantino. Metodio nació alrededor del año 825 y, dos años después, nació Cirilo, cuyo nombre original era Constantino. Sin embargo, adoptó el nombre con el que pasó a la historia cuando, en su lecho de muerte, tomó el hábito monástico.
Cuando aún los enfermos eran atendidos por condenados o por asalariados sin preparación, Camilo de Lelis cambió radicalmente la perspectiva de la asistencia. Dejó de ser una imposición, una forma de expiar una pena o de obtener un lucro, para convertirse en un acto de amor y compasión hacia quienes sufren, viendo en ellos el rostro de Cristo a quien servir y amar.
Eliseo sigue siendo hoy un nombre habitual entre las familias cristianas de África. Procede del hebreo y significa «Dios es Señor» (El-Yah). En la Biblia, Eliseo se presenta como un profeta del siglo VIII a. C., discípulo del gran profeta Elías. Su vocación se narra en el Primer Libro de los Reyes, capítulo 19:
En el libro de los Hechos de los Apóstoles (1,15-26) se narra que, en los días posteriores a la Ascensión del Señor, el apóstol Pedro propuso a la asamblea de los ciento veinte hermanos elegir a uno de entre ellos para ocupar el lugar dejado por el traidor Judas Iscariote.
San Lorenzo O’Toole (Lorcan Ua Tuathail) es un modelo luminoso de coraje, santidad y dedicación a la justicia y a la unidad eclesial. Nació en Castledermot, en el condado de Kildare, en 1128, en el seno de una familia noble irlandesa.
Calixto, figura compleja y debatida de la Iglesia de los primeros siglos, nació en Roma en la segunda mitad del siglo II, en el seno de una familia cristiana en condición servil. Aún joven, fue esclavo al servicio de un rico cristiano llamado Carpóforo, vinculado a la corte imperial. Gracias a su espíritu emprendedor y a cierta habilidad para los negocios, Calixto fue encargado de gestionar una actividad financiera que funcionaba como depósito y casa de cambio, frecuentada en su mayoría por correligionarios. Sin embargo, su carrera se vio truncada a causa de operaciones especulativas fallidas que lo llevaron a la ruina económica.
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