Los últimos días de octubre y los primeros de noviembre han sido desde antiguo considerados un tiempo especial para conmemorar a los difuntos. Una de las antiguas creencias que explican esta elección sostiene que el Diluvio Universal —según la tradición— habría tenido lugar precisamente en este período del año, quedando así simbólicamente asociado a la muerte y al recuerdo.
En la Biblia, la presencia de los ángeles es constante y recorre toda la historia de la salvación. Muchos episodios se refieren a su acción y a su papel como instrumentos y mensajeros de Dios. Baste recordar, en el Antiguo Testamento, la lucha de Jacob con el ángel, de quien recibe el nombre de Israel (Gn 32,25-29), y la escalera, soñada por él, que desde la tierra tocaba el Cielo y era bajada y subida por multitud de ángeles (Gn 28,12). Pero también el ángel que sale al encuentro de la esclava Agar y le anuncia el nacimiento de Ismael (Gn 16,7ss); o el ángel que precede al pueblo de Israel en su peregrinación por el desierto (Ex 14,19). Y de nuevo los dos ángeles que sacan a Lot y su familia de Sodoma (Gn 19, 1ss), o la intervención del ángel que detiene la mano de Abraham a punto de sacrificar a su hijo Isaac (Gn 22, 11-13). O también Daniel, que fue salvado de las llamas del horno por un ángel (Dan 3, 49), o el ángel que trae alimento al profeta Elías en el desierto (1 Re 19, 5-10).
San Zenón es recordado como mártir de la fe cristiana, víctima de las persecuciones contra los cristianos que tuvieron lugar en la antigua ciudad de Nicomedia, una de las principales metrópolis del Imperio Romano de Oriente, situada en el actual territorio de Turquía.
Inés de Bohemia nació en Praga en 1211, hija del rey Přemysl Otakar I y de la reina Constanza de Hungría. Su hermano ascendió al trono de Bohemia con el nombre de Wenceslao I.
A los tres años, para recibir una educación acorde con su rango, fue confiada al monasterio cisterciense de Třebnice, donde vivía su tía, santa Eduvigis. Fue ella quien la introdujo en el conocimiento de Cristo y en la vida de oración.
«Si los embates del orgullo, de la ambición, de la calumnia y de la envidia te zarandean de un lado a otro, mira la estrella, invoca a María. Si la ira, la avaricia o las pasiones sacuden la navecilla de tu alma, dirige tu pensamiento a María.
San Domingo Manso, llamado de Silos por su prolongada permanencia en el monasterio que acabaría llevando su nombre, nació en torno al año mil en la pequeña localidad riojana de Cañas, en España. Su infancia transcurrió entre pastos y rebaños, pero mientras vigilaba las ovejas de su familia comenzó a germinar en él una profunda atracción por la vida sagrada. Fue acogido por el sacerdote del lugar, quien lo tomó bajo su tutela y fue modelando pacientemente su formación. Al cumplir veintiséis años, el obispo de Nájera lo ordenó presbítero.
No disponemos de mucha información sobre la vida de San Sebastián. En la Passio Sancti Sebastiani Martyris, texto atribuido durante mucho tiempo a San Ambrosio de Milán (340-397), se afirma que, hacia el año 250, nació y creció en Milán, hijo de un padre originario de Narbona y de madre milanesa. Educado en la fe cristiana, se trasladó a Roma en el año 270 y se alistó en el ejército alrededor del 283, llegando a ser tribuno de la primera cohorte de la guardia imperial. Al no sospechar de su fe, los emperadores Maximiano y Diocleciano le confiaron importantes responsabilidades.
Jacinta Marto nació el 11 de marzo de 1910 en Aljustrel, Portugal, y desde muy pequeña manifestó un carácter afectuoso y abierto. Poseía, además, una sensibilidad particularmente aguda, que la llevaba a contemplar la belleza de la naturaleza y a interesarse vivamente por el sufrimiento de los pobres y de los enfermos. De modo especial, sentía un profundo afecto por su prima Lucía dos Santos.
San Apolinar, considerado el primer obispo de Rávena, vivió hacia mediados del siglo II. Antiguas inscripciones halladas en la zona de Classe atestiguan la existencia, ya en tiempos muy remotos, de una comunidad cristiana bien estructurada en la ciudad.
Recorrió la Italia de su tiempo predicando e invitando a la conversión, a la reconciliación y al regreso a Dios. Fue un apóstol de la devoción al Nombre de Jesús, que condensó en el trigrama “IHS”, inscrito en el interior de un sol con doce rayos. Es Bernardino de Siena, fraile menor de la Observancia, quien procuró, en primer lugar, reconducir a sus conciudadanos a la amistad con Dios, y después, a las multitudes que acudían a escuchar sus sermones en toda la Península.
San Edmundo ocupa un lugar singular en la memoria cristiana como figura de soberano valeroso y testigo inquebrantable de su fe. Su historia se sitúa en el siglo IX, cuando, siendo muy joven, asumió el gobierno de la Anglia Oriental, una región inglesa sacudida por las tensiones y violencias provocadas por las incursiones nórdicas.
Lo que impresiona en ella no es la excepcionalidad de sus obras, sino su capacidad de transformar lo ordinario en ofrenda. Santa María Bertilla Boscardin, cuyo nombre de bautismo era Ana Francisca, fue una mujer sencilla, por momentos impulsiva, pero dotada de una profunda determinación y de una gran capacidad de dominio interior. A menudo víctima de celos y malentendidos, nunca se dejó abatir: su propósito —«quiero hacerme santa y llevar a Jesús muchas almas»— se convirtió en su programa de vida.
La evangelización de Corea comenzó a principios del siglo XVII, cuando algunos coreanos entraron en contacto con el cristianismo durante un viaje a Pekín. Al regresar a su patria, fundaron una comunidad cristiana viva y perseverante, a pesar de la ausencia inicial de sacerdotes.
«Nacido pobre, vivido pobre y seguro de morir pobrísimo». Así escribía San Pío X, nacido Giuseppe Melchiorre Sarto, en su Testamento. Un Papa de origen humilde, que llegó a la Cátedra de Pedro tras haber recorrido todas las etapas de su carrera eclesiástica: capellán, párroco, obispo, cardenal, patriarca.
Es conocido por haber elaborado el Catecismo que lleva su nombre, por haber concedido la Comunión a los niños a partir de los siete años, y también por haber promovido importantes reformas en la Iglesia. Es san Pío X, en el siglo Giuseppe Sarto. Nació en Riese, en la provincia de Treviso, el 2 de junio de 1835, siendo el primero de diez hijos de Giovan Battista Sarto y Margherita Sanson, una familia de origen humilde, pobre pero no miserable, al menos en sus primeros años. Desde pequeño mostró una intel...
El 8 de mayo de 1521 nacía, en la villa neerlandesa de Nimega —entonces parte del ducado imperial de Güeldres y, por tanto, del Sacro Imperio Romano Germánico— quien habría de convertirse en una de las figuras decisivas de la Reforma católica.
Una joven romana de trece años no dudó en sacrificar su vida para dar testimonio de su fe en Cristo. San Ambrosio, obispo de Milán, dijo de ella que era capaz de dar a Cristo un doble testimonio: el de su castidad y el de su fe (De Virginitate. II. 5-9). El Papa Dámaso escribió un epitafio en su honor.
San Pedro Damián es uno de los escritores más destacados del siglo XI y uno de los mayores impulsores de la reforma pregregoriana, colaborando estrechamente con varios pontífices en la lucha contra los males que aquejaban a la Iglesia de su tiempo. En particular, combatió la simonía —la compraventa de cargos y dignidades eclesiásticas— y el nicolaísmo, es decir, el rechazo del celibato clerical. Sin adoptar posturas extremas, el santo se puso al servicio de los papas y escribió sobre estas cuestiones en su obra Liber Gratissimus.
Ejerció cada misión con sencillez y humildad, defendiendo a la Iglesia de los ataques de sus enemigos, promoviendo la paz entre los poderosos enfrentados y guiando con entrega ejemplar a la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos.
Todo cuanto el mundo considera digno de deseo —honores, riquezas, nobleza, gloria, poder— lo poseía Luis Gonzaga desde su nacimiento. Y sin embargo, eligió ir contra corriente, apostarlo todo por Cristo y abandonar toda seguridad humana. Nacido el 9 de marzo de 1568 en el seno de la ilustre casa de los Gonzaga, como primogénito del marqués de Castiglione, el joven Luis tenía ante sí un porvenir de privilegios y grandezas. Sin embargo, prefirió la oración y la penitencia a las armas y al esplendor de la corte.
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