Una de las personalidades más relevantes de los primeros tiempos del cristianismo es san Ignacio de Antioquía, obispo que vivió en las primeras décadas del siglo II y venerado como mártir por su fe inquebrantable. La tradición afirma que fue elegido para guiar la comunidad cristiana de Antioquía por el mismo san Pedro.
Al servicio de las huérfanas, de las jóvenes necesitadas y de los pobres, para quienes fundó la Congregación de las Hermanas de los Pobres de Santa Catalina de Siena.
Savina nació en Siena el 29 de agosto de 1851, hija de Celso y Matilde Vetturini.
De San Agapito se sabe únicamente que murió mártir en Preneste (la actual Palestrina) y que su culto está documentado desde tiempos muy antiguos.
Es mencionado en diversos libros litúrgicos y, a unos dos kilómetros de Palestrina, aún se conservan los restos de una basílica dedicada a él, junto con una inscripción que lleva su nombre. Durante el siglo IX se erigieron numerosas iglesias en su honor. Está reconocido como patrono de la diócesis de Palestrina.
Fue uno de los primeros pioneros de la fe en las Galias, fundamento remoto de la tradición cristiana de toda la región. Gaciano o Graciano —conocido en las fuentes antiguas como Catianus, Gatianus o Gratianus, y en Francia como Gatien de Tours— es recordado como el primer anunciante estable del Evangelio en la ciudad de Tours y como el fundador de su diócesis.
Margarita de Hungría nació en 1242, probablemente en el castillo de Turóc, hija del rey Bela IV y de la reina María, de origen bizantino. Su nacimiento estuvo ligado a un momento dramático para el reino: Hungría había sido devastada por la invasión mongola y la familia real se había refugiado en Dalmacia. En aquella circunstancia, los soberanos hicieron voto de que, si nacía una hija, la consagrarían a Dios como signo de gratitud por la liberación del país.
Guido di Pietro, conocido como Juan de Fiesole o, más aún, como Beato Angélico, fue un fraile dominico dotado de un extraordinario talento para la pintura.
Recibió este apelativo por el profundo mensaje de fe que impregna todas sus obras, por la humildad que lo caracterizaba y por el valor místico que atribuía a la luz.
Guido nació en Vicchio di Mugello, en las proximidades de Florencia, entre 1395 y 1400.
San Bruno de Segni nació entre los años 1045 y 1049 en Solero d’Asti (actual provincia de Alessandria), en el seno de una familia modesta. Fue educado por los benedictinos y prosiguió sus estudios en la Universidad de Bolonia, donde se especializó en el trivium y el quadrivium. Ordenado sacerdote, fue nombrado canónigo en Siena y comenzó a escribir comentarios a diversos textos bíblicos.
«El mayor imitador de San Carlos fue San Gregorio Barbarigo en Padua, donde el Seminario, gracias a sus virtudes, se convirtió en un monumento que, aún tres siglos después, permanece in aedificationem gentium».
Con estas palabras, san Juan XXIII recordaba a san Gregorio Barbarigo durante la homilía de su canonización, el 26 de mayo de 1960, en la Basílica de San Juan de Letrán.
Cirilo nació hacia el año 315 en Jerusalén o en sus alrededores, y recibió una sólida formación literaria, que constituyó la base de su preparación eclesiástica, centrada principalmente en el estudio de la Sagrada Escritura.
Era conocido como el “fraile Deo gratias”, pues así solía saludar a las personas que encontraba en su camino. Durante cuarenta años recorrió las calles de Roma pidiendo limosna, ocasión que aprovechaba para ofrecer consejos espirituales tanto a gente humilde como a aristócratas. Se trata de san Félix Porro, más conocido como Félix de Cantalicio, por el nombre de la localidad donde nació, en la provincia de Rieti, en 1515.
La figura de San Odón se inscribe en el vasto horizonte del monaquismo medieval, aquella época en la que el ideal benedictino se difundió hasta configurar, por toda Europa, una densa constelación de monasterios. Estos centros de oración y cultura contribuyeron decisivamente a dar forma a la identidad espiritual del continente.
Un médico, nacido en Antioquía en el seno de una familia pagana, preocupado por sus enfermos, de quienes conoce la debilidad y, a menudo, la miseria, hasta el día en que escucha a San Pablo hablar de Jesús. Desde ese momento, Lucas abraza la fe y no abandona nunca más al Apóstol, siguiéndolo hasta su martirio en Roma en el año 67.
Emma era hija del noble conde sajón Immed IV y de Adela de Hamaland. Nacida en 982 en Sajonia, contrajo matrimonio con Liudger, hijo del duque de Sajonia Hermann Billung. En 1001, el emperador Otón III donó a los esposos el palacio real de Stiepel.
Incansable apóstol de los Sagrados Corazones de Jesús y de María, fundador de la Congregación de Jesús y María, conocida como Congregación de los Eudistas. Su vida estuvo marcada por una intensa labor misionera y una profunda espiritualidad, que le convirtieron en una figura destacada en la historia de la Iglesia del siglo XVII.
Anastasio, romano de nacimiento e hijo de un tal Máximo, llevaba un nombre que en griego significa «resucitado». Fue elegido Pontífice a finales del año 399, tras la muerte del papa Siricio, y permaneció al frente de la Iglesia apenas dos años, hasta el 19 de diciembre de 401. Pese a la brevedad de su pontificado, su gobierno resultó sorprendentemente intenso. A él se atribuye la edificación de la basílica Crescenciana —identificada por la tradición con la actual San Sisto Vecchio—, así como una labor constante de vigilancia doctrinal en una época en la que antiguas controversias volvían periódicamente a sacudir la unidad eclesial.
Los Santos Mario, Marta, Audiface y Abaco son recordados por la Iglesia católica como mártires de los primeros siglos del cristianismo, y su memoria litúrgica se celebra el 19 de enero. La información que se conserva sobre ellos es escasa y fragmentaria y procede principalmente de antiguos textos hagiográficos, en particular de una Passio de época tardoantigua, reelaborada en los siglos posteriores con fines edificantes.
Álvaro nació en Zamora, en España, hacia el año 1360. Ingresó en la Orden de Predicadores en 1368 y pronto se distinguió por su inteligencia y santidad de vida. Fue profesor de teología en la Universidad de Salamanca durante muchos años, donde fue apreciado tanto por su erudición como por su enseñanza. En ese mismo período ejerció también como confesor del rey Juan II de Castilla y de la reina, su madre, desempeñando así un papel relevante tanto en la vida religiosa como en la vida política del reino de Castilla.
«Aunque cada día se celebra con solemnidad la Eucaristía, estimamos justo que, al menos una vez al año, se haga memoria de ella con mayor honor y solemnidad. Las demás cosas que conmemoramos las comprendemos con el espíritu y la mente, pero no por ello obtenemos su presencia real. En cambio, en esta conmemoración sacramental de Cristo, aunque bajo una forma distinta, Jesucristo está presente con nosotros en su propia sustancia. En efecto, cuando estaba a punto de ascender al cielo, dijo: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20)».
San José, padre adoptivo de Jesús y esposo de María, es una figura central en la tradición cristiana, tanto por su papel en la economía de la salvación como por ser modelo de virtudes. Aunque las fuentes bíblicas ofrecen pocos detalles sobre él, su figura destaca especialmente en los Evangelios de Mateo y Lucas.
«La omnipotencia de Dios nos crea, la sabiduría nos gobierna, la misericordia nos salva». Así solía repetir a cuantos encontraba fray Crispín de Viterbo. Sencillo hermano lego de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos, destinado a la limosna, al servicio de los enfermos y al cuidado de la huerta del convento, fray Crispín (Pietro) Fioretti nació en Viterbo el 13 de noviembre de 1668. Su padre, Ubaldo Fioretti, había contraído matrimonio con Marzia, viuda ya con una hija. Pronto quedó huérfano de padre, y fue su tío Francisco quien se hizo cargo de él, enviándolo a la escuela regentada por los jesuitas. A la par, Crispín trabajaba como aprendiz de zapatero en el taller de su tío.
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