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Santo del día

Santo del día

11 de julio: San Benito de Nursia, Patrono de Europa

Un padre espiritual para una multitud de hombres y mujeres

Es el padre de una innumerable multitud de contemplativos y contemplativas que hallaron en su Regla una fuente de vida e inspiración. No cabe duda de que la influencia de san Benito de Nursia atraviesa los siglos y sigue siendo actual.

10 de julio: Santas Rufina y Segunda, mártires

Las santas Rufina y Segunda fueron dos mártires cristianas nacidas en Roma, cuya existencia y martirio están atestiguados por numerosas fuentes autorizadas, como el Martirologio Jeronimiano, varios Itinerarios de peregrinos a Roma, la Notitia Ecclesiarum de Guillermo de Malmesbury y, sobre todo, el Martirologio Romano, que las conmemora el 10 de julio. Sufrieron el martirio en las cercanías de Roma, en un lugar llamado sylva nigra, hacia el año 260.

9 de julio: Santa Verónica Giuliani, Abadesa, Clarisa Capuchina

La Esposa del Crucificado

Fue favorecida con fenómenos místicos, tuvo visiones del Infierno y del Purgatorio, y recibió incluso los estigmas, hasta el punto de suscitar las dudas de la Inquisición, que, tras un minucioso examen, certificó su autenticidad.

8 de julio: Beato Eugenio III, Papa

Discípulo de San Bernardo

«Apenas Pedro reconoció al Señor, se arrojó al agua y fue hacia Él, mientras los demás llegaron en la barca. [Este hecho…] es un signo de la singular autoridad de Pedro como Pontífice […]. [Pedro] recibió el gobierno de todo el mundo, no de una sola nave como ocurrió con los demás Apóstoles.

6 de julio: Santa María Goretti, virgen y mártir

Prometió el Paraíso a su asesino

Mártir de la fe a los doce años y por haber querido conservar su pureza, frente a los repetidos avances de un joven que, finalmente, cegado por la pasión, la mató. Pero antes de morir, María Goretti perdonó a su agresor y afirmó que lo quería con ella en el Paraíso.

5 de julio: San Antonio María Zaccaria

El fundador de los Barnabitas

«Es propio de los corazones magnánimos ponerse al servicio de los demás sin esperar recompensa»: así solía expresarse San Antonio María Zaccaria.

Nació en Cremona en 1502, en el seno de una familia noble. Huérfano de padre desde muy temprana edad, fue criado con gran dedicación por su madre, aún muy joven. No se conocen muchos detalles sobre su infancia, salvo un episodio especialmente significativo: un día, al regresar de la escuela, ofreció su capa a un pobre.

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